En su obra, “La República”, el filósofo griego Platón, señalaba que el gobernante de un pueblo debería de ser un filósofo. A esta postura la llamó la propuesta del “filósofo rey”. Analizando dicho pensamiento del Sabio de Atenas, vemos que la responsabilidad de gobernar no es sólo una actividad que se pueda improvisar, dejando a la buena de Dios el futuro de un país. La palabra “filosofía”, en su acepción etimológica, significa “amor hacia la sabiduría”, y por consiguiente, lo que el discípulo de Sócrates trató de decir, es que se necesita una verdadera capacidad intelectual para poder llevar a buen puerto el destino de una nación.
Toda vez que el gobernante llevará sobre sus hombros la responsabilidad de la administración pública, los temas de seguridad, salud, vivienda, justicia, desarrollo urbano, social, marginación, empleo y desempleo, capacitación para el trabajo, medio ambiente y desarrollo sustentable, entre un caudal impresionante de necesidades que se requieren para sacar a flote a la sociedad entera, resulta menester que el representante del pueblo, el gobernante, tenga una capacitación tan alta que lo libre de improvisaciones absurdas.
En la actualidad, vivimos una época en la cual no sólo los gobernantes carecen de los conocimientos básicos para realizar su función pública, sino que además adolecen de otros defectos, entre los que destacan la falta de principios morales, cayendo en la desfachatez y el cinismo en todo su esplendor.
Desde el punto de vista del que estas líneas escribe, y considerando los múltiples vicios y defectos de los representantes populares, vemos que el arte de gobernar está siendo bastante complicado, una tarea titánica que no se puede llevar a cabo en buenos términos.
Si el gobernante es una persona sin educación (en términos de Arthur Schopenhauer, educar es ampliar el abanico de posibilidades que tiene una persona para poder resolver un problema), o bien teniéndola resulta que no es una buena educación, sino una educación falta de escrúpulos, ventajosa, parasitaria, enseñándoles desde casa que las cosas se resuelven robando, tomando lo ajeno, inflando cifras, esperando pacientemente que el partido dominante se fije en los largos y asiduos años que el zángano de la colmena esperó, como ave de rapiña, para que le pudieran dar acceso al banquete de los reyes.
Para poder gobernar, de forma inicial se necesita una alta capacitación en varias esferas del conocimiento. No concebimos la idea de un gobernante que realiza gastos de obra pública con cantidades millonarias, para una obra que un arquitecto de regular conocimiento, cotizó en un precio mucho más módico que el que infló el encargado del proyecto. Otro punto a destacar es el amor por el conocimiento.
Si un gobernante tuviera interés en aprender aquello que desconoce, tuviéramos a funcionarios más involucrados en perfeccionar la labor de sus funciones, reclutarían personal más adecuado, dejando del lado el compadrazgo y el nepotismo. Así mismo se requiere de un elevado grado axiológico y moral, ético y de valores, que les impidan tomar lo ajeno, condenar al inocente, liberar al asesino, investigar adecuadamente los ilícitos cometidos día con día.
Para un servidor, es inconcebible que con toda la supuesta capacitación que reciben día con día los encargados de llevar a cabo las tareas de la seguridad pública (y que por supuesto, justifican con tremendos cheques llenos de ceros a la derecha) y con tan significativa preparación no pueden atrapar al raterillo del barrio, al asaltante de transeúntes, al ladrón de robo a casa habitación, al acosador callejero, a aquel que se roba por las madrugadas las piezas automotrices, entre muchas otras escorias sociales que poco a poco han sembrado terror entre nuestra ciudad zapatera.
¿Es tan complicado encontrar, detener, procesar y encerrar a este tipo de delincuentes, los cuales son conocidos por toda la ciudad, y que tan impunemente vemos caminar por las calles día con día? ¿Es tan complicado homologar criterios entre los derechos humanos, el poder legislativo, la secretaría de seguridad pública, la fiscalía general de justicia y el poder judicial, para comenzar a desparasitar la ciudad de estos gérmenes que tanto han afectado a la ciudadanía? (deliberadamente he escrito el nombre de las autoridades con letras minúsculas).
Al juzgar por los resultados que diariamente sufrimos en carne propia, creo que efectivamente, es sumamente complicado el arte de gobernar. El abrazo se los debo porque se lo roban en el camino.



