Los mexicanos nos encontramos inmersos en un momento crucial para desechar la corrupción y dar un paso a que la clase política entienda la lección cuando el elector se decida a coadyuvar, consolidando un verdadero régimen democrático sin atavismos ni simulaciones, teniendo como fuente a un Estado Constitucional como instrumento jurídico, en donde descansa la seguridad electoral de todos y cada uno de los habitantes de nuestra República, en todos los ámbitos de validez en lo social, en lo económico y particularmente en lo político.

   En esta ocasión, le invito a que nos concentremos en lo político,  a propósito de las  elecciones  en puerta del  primero de Julio del 2018. Estamos hablando de los derechos políticos electorales, tanto de los candidatos como de los electores que votarán, porque en los círculos políticos cada día adquieren  más fuerza los rumores, en ciertos sectores sociales, que esta será una elección de Estado. Pueden haber diversas interpretaciones de este concepto citado, por lo que escuetamente diré, que desde mi perspectiva una elección de Estado, es cuando el Gobierno saliente, sin disimulo, pone a las órdenes del candidato oficial,  toda la  estructura gubernamental y la infraestructura política, para apoyar al candidato que lo sucederá, que obviamente es de su partido. Para citar un ejemplo, entre tantos, aplica programas sociales de Gobierno para grupos vulnerables y de esta forma cultivar el voto a favor de su candidato.

Por esta razón, me llama poderosamente la atención que hace aproximadamente 6 meses el periodista Marco Antonio Aguilar, en un artículo citó al Presidente Lic. Enrique Peña y me permito traer a colación: “Los priistas tenemos nuestra propia cultura,  nuestra propia liturgia. Hay quienes nos estigmatizan porque somos diferentes, porque no hacemos elecciones primarias o ejercicios que otros partidos hacen…nos sincronizamos el partido y el presidente, no sé quién lee la mente a quién, si el partido al  presidente o el presidente al partido, pero coincidimos”. Interpretando esta declaración sería una simbiosis entre el partido y el presidente y por añadidura, en este caso, con el candidato oficial de su partido; la cuestión surge cuando es un hecho público y notorio que éste último, hasta ahora, según los analistas políticos, ha resultado incapaz para comunicar los logros que realizó en el sexenio el Presidente en turno y hay momentos en que surge la duda, de sus propios correligionarios, si este candidato fue el idóneo para dar continuidad a este proyecto de nación, porque hay voces  que impugnan que se haya logrado el progreso que tanto se pregona, tan sólo por los miles de millones de mexicanos que viven en la pobreza.

En estas circunstancias históricas no sabemos que tiene más peso específico, si sus logros o sus escándalos, pero en este momento me inclino a los escándalos y como ejemplo, refiero dos: 1) la estafa maestra la cual fue puesta al descubierto por una investigación periodística que realizó animal político y mexicanos contra la corrupción e impunidad  (MCCI), que dice que a través de 12 dependencias, en los años 2013 y 2014, hubo contratos ilegales por 7 mil 670 millones de pesos y que no se sabe donde quedaron 3 mil 433 millones y para variar , el 2º tiene que tiene que ver con el petróleo y los contratos que realizó el Gobierno Federal con la empresa extranjera Odebrecht. Respecto a ésta podría hablar de números y números pero créanme que son cantidades exorbitantes por lo que les dejo de tarea entrar al fondo de este estudio.

En base a esto, desde mi punto de vista las campañas políticas se han pervertido porque han hecho de las elecciones un ring de boxeadores,  con motivo de que el candidato en turno no puede defender lo indefendible, luego entonces la campaña del partido oficial  se ha dedicado más a un golpeteo personal en lugar de una campaña de programas y de proyecto de Nación y ahora pretende etiquetar a sus adversarios y ver quien porta el traje más corrupto y al candidato del PAN lo persigue penalmente  por la comisión de delitos que hasta ahora no han sido  judicializados, es decir, que a pesar de existir  la presunción de inocencia como derecho fundamental que garantiza la Constitución y los Tratados Internacionales de los que México es parte, en estos momentos toda autoridad, que en teoría, debería de defender y ponderar este principio que establece el artículo I constitucional, se lo pasan por el arco del triunfo, ante esta situación, es clara la estrategia a seguir, primero, ataco al  adversario más cercano y luego al candidato puntero.

   Conclusión, ante tales acontecimientos político-electorales no resulta extraño que  se utilice el miedo como instrumento para detener el umbral de un nuevo porvenir para México, porque es fácil deducir de que a falta de un sustento ideológico y político se quiera atacar a los candidatos opositores   como entes, despersonalizándolos y exhibiéndolos como personas no honestas  y utilizando todo instrumento al alcance, pero olvidando que se debe de predicar con el ejemplo. Por consiguiente, lo que algunos olvidan es que nos encontramos en pleno siglo XXI y ahora los electores no son ningunos ignorantes.

[email protected]

ESCRIBE UN COMENTARIO