martes, septiembre 1, 2026
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El asesino y los estudiantes

Los casos de asesinos en serie sin resolver se cuentan por cientos. Desde el mítico Jack el Destripador, oculto en la niebla de Londres hasta el Zodiaco, que aterrorizaba las intrincadas calles de San Francisco, California. A veces, nunca se resuelven, y otras son descifrados años después, con giros de trama y desarrollos de personajes dignos de películas de acción.
El caso de esta semana trata precisamente de eso: un asesino que fue descubierto años después, pero no por un agente del FBI o un detective de documental, sino por un profesor y sus alumnos.
Entre 1983 y 1985, la zona de Estados Unidos conocida como ‘el cinturón bíblico’ (llamada así por ubicarse en el sur y ser donde más se concentran los cristianos evangélicos) estuvo sumida en el terror, pues en las principales carreteras se encontraban cadáveres de mujeres. Todas tenían el mismo perfil victimológico: caucásicas, pelirrojas y jóvenes, que habían abandonado a sus familiares por diferentes conflictos personales.
Como suele ocurrir en estos casos, la policía y las agencias federales comenzaron a movilizarse y a investigar desde cuanto ángulo les fuese posible. Los medios llamaron al sospechoso ‘El asesino del cinturón bíblico’ o ‘El asesino de pelirrojas’. Se sospechaba que las víctimas de feminicidios eran escorts o bien, trabajadoras sexuales que habían tenido la desgracia de encontrarse con el criminal. Muchas de ellas eran de estados como Tennesse, Kentucky, Arkansas, West Virginia, Pennsilvania y Mississippi. Los cadáveres mostraban hematomas y signos de estrangulamiento. Es cierto que hubo varios cadáveres, pero las víctimas confirmadas fueron cinco: Tina Farmer, Tracy Walker, Lisa NIchols, Espy Pilgrim y Michelle Lavone Inman.
Hubo varios sospechosos, entre ellos un hombre con antecedentes penales llamado Jerry Leon Johns, pero con el paso del tiempo el caso se enfrió.

LA ASIGNATURA
En 2018, el profesor de introducción a la sociología a nivel bachillerato, Alex Campbell, de la ciudad de Elizabethon, Tennessee, propuso a sus alumnos un interesante proyecto de semestre: investigar el caso a fondo. Como si se tratase de la serie ‘How to get away with murder’ sabía que las y los muchachos les apasionaría el tema, y fomentaría competencias como el trabajo en equipo, metodología de la investigación y la información basada en evidencias.
Los jóvenes fueron muy respetuosos con las víctimas, a quienes llamaron ‘nuestras hermanas’ y buscaron asesoría de un perfilador criminal jubilado del FBI. Poco después, crearon el podcast ‘Murder 101’ donde detallan su investigación y se puede escuchar gratuitamente en Spotify. El profesor habló con los directivos de la escuela y padres de familia, pues sabía que enseñaría sobre temas incómodos, tales como prostitución, drogas, violencia y feminicidios.
El perfil criminológico de los jóvenes detectives amateurs era claro: el asesino era un hombre alto, caucásico, musculoso, heterosexual, diestro, con padre ausente y madre dominante; trabajaba de camionero, lo que le facilitaba dar aventón a sus potenciales víctimas; con el paso del tiempo, las autoridades confirmaron que en realidad era así. El asesino no era otro sino Jerry Johns.
Johns ya había estado preso y tenía antecedentes penales, pues quiso estrangular a una mujer y la abandonó en la carretera creyendo que estaba muerta. Años después, su testimonio sería crucial para la investigación pericial.
Desgraciadamente, Johns murió en 2015 en prisión, a la edad de 67 años. Aun así, el procedimiento de los estudiantes y su profesor no deja de ser un admirable trabajo de perfilación criminal y periodismo de investigación.
Hay crímenes sin resolver en todo el mundo, en todas las ciudades y en todas las colonias. Muchos de ellos se van congelando hasta olvidarse. Por suerte, siempre habrá quien los quiera investigar.

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