miércoles, septiembre 2, 2026
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¿Dónde estabas?

Desde inicios de la semana pasada, comenzó a circular en redes sociales la fotografía de una jovencita de nombre Frida Sofía Villalobos, que desapareció durante unos días pero que afortunadamente, ya se encuentra con su familia. El caso conmovió a todos los leoneses cercanos y no cercanos a ella, ya que vimos reflejado en este caso, nuestro temor a ser afectados de la misma manera y de pronto convertirnos en víctimas.

Temimos por nuestras madres, hijas, hermanas. Pensamos en todas las mujeres que nos solidarizamos con el género al que pertenecemos, pero sobre todo pensamos en las más jóvenes, las más indefensas y las que tienen mucho más por vivir. Se ofrecieron oraciones y se oficiaron misas con el ánimo de encomendar a un Ser Superior su destino. La investigación iniciada ante la autoridad, y con “ayuda de la tecnología”, arrojó algunos móviles sobre la forma en que pudo haber desaparecido y sobre su ubicación más reciente, hasta que se le localizó en el vecino estado de San Luis Potosí.

Desde el pasado lunes 23 de julio que salió de un club deportivo cerca del Boulevard Hidalgo, en el que colaboraba dando clases de natación junto con su madre, no se supo de ella. Desconocemos quién y cómo fue hallada. Para poder encontrarla, se activó una Alerta Amber y usuarios de redes sociales y amigos cercanos y no tan cercanos a la jovencita, intentaron encontrar algunas pistas para dar con ella.

Como a cualquier madre, los pelos del cuerpo se me erizaron al imaginar a la mencionada menor en circunstancias complicadas y pensé que alguno de mis hijos también pudiera ser víctima de secuestro, privación ilegal de la libertad o algún otro delito que atentara contra su integridad y seguridad. Es evidente que no llego a dimensionar el dolor, la preocupación y la rabia que sus padres debieron estar experimentando, sobre todo cuando hay especulaciones o cuando el flujo de información distorsiona la verdad. Cuántos sentimientos puede provocar el saber que un ser amado de un momento a otro, simplemente ya no está, pero además, no se sabe el por qué no está. Desafortunadamente este caso se suma al resto de las “alertas” levantadas por desapariciones de menores en el estado. A pesar de la desesperación, en la mayoría de los casos, los menores son encontrados; algunos de estos sucesos, llegan a trascender más que otros.

Qué grave y qué sorprendente. Por otro lado y tomando en cuenta que en esta investigación estuvo involucrada una niña, cabe mencionar que según cifras publicadas a principios de este 2018, en el estado de Guanajuato fueron asesinadas 23 mujeres durante el mes de enero, cifra que ubica a la entidad como la cuarta a nivel nacional con más casos de este tipo. Francamente ese número sorprende, sobre todo en una entidad como la nuestra, que aparenta ser tranquila y pacífica. Hacia prinicipios de este año, Guanajuato, según el “reporte de Información delictiva y de emergencias con perspectiva de género”, respecto a lesiones dolosas contra mujeres, se ubicaba en el tercer lugar nacional con 342 casos, sólo por debajo de Jalisco y Estado de México.

En tal sentido, no puedo dejar de pensar en que el tiempo vuela y que mis pequeños hijos, tarde o temprano, serán más independientes, querrán o tendrán que salir solos a la calle y se expondrán a un ambiente que simplemente no es seguro. Sé que tanto hombres como mujeres en estos tiempos, sin importar nuestro género o condición, debemos ser precavidos; qué decir de los más pequeños, pero también corresponde a las autoridades el procurar que impere la seguridad y la tranquilidad entre los guanajuatenses. Lamentablemente la víctima en este caso, fue una menor de edad, que en poco tiempo apareció gracias a que sus padres y allegados estuvieron al pendiente de su paradero. Evitemos pues, estos tragos amargos y estemos atentos a nuestros hijos.

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