El Domingo de Carnaval, fecha que antecede al miércoles de ceniza en la tradición católica, es sin duda una de las fechas más esperadas por niños y jóvenes. Sin embargo, la pandemia que asola al mundo ha cambiado todas las tradiciones y costumbres.
Apenas el año pasado se celebró el Domingo de Carnaval con relativa tranquilidad. Las calles del centro y de los cuatro principales barrios se llenaban de vendedores de huevitos llenos de harina y confeti. Los niños los compraban para arrojárselos entre ellos y pasar un día agradable… sin embargo, eso parece lejano. Con el incremento de los casos de coronavirus, la situación ha afectado a todos por igual.
Este año, tanto la festividad de San Valentín como el Domingo de Carnaval, fueron seriamente limitados. Las autoridades anunciaron constante vigilancia, de modo que los puestos de huevitos con harina y confeti fueron escasos. Tan solo unos cuantos en barrios como El Coecillo.
Una de las muchas familias que han resentido el mal comercio son los Palomares-Barrientos. Todos ellos tienen más de 15 años dedicados a obtener un ingreso extra el domingo de carnaval. La señora Dolores Barrientos, adulto mayor y la primera en vender en domingo previo a miércoles de ceniza, señaló lo grave de la situación:
“Todos los comercios y negocios están mal, muy mal. Nosotros nos hemos ido acoplando como podemos. Vendemos la canasta a 20 pesos y a dos pesos el huevito con harina, pero ni siquiera así nos deja lo suficiente. Hace años la situación era mucho más sencilla”.
En el Barrio del Coecillo, uno de los más antiguos de León, los problemas económicos son unánimes, independientemente si se trata de domingo de carnaval, día de San Valentín o miércoles de ceniza. Comerciantes como Lourdes Fuentes también resienten la situación… aún así, todos ven la forma de salir adelante.




