sábado, agosto 29, 2026
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Disculpe usted…

Volvimos a terminar con moño negro esta semana: Dos oficiales de policía fallecidos, y varios civiles lesionados fueron el resultado de un accidente automovilístico. Irresponsabilidad dicen unos, imprudencia, señalan otros. “malditos policías, deberían enseñarles a manejar”, “manejan como locos sólo por tener patrullas”,  son algunas expresiones que circulan por las redes sociales. Veamos ahora el otro lado de la moneda.

“Debes de llegar en un tiempo de respuesta no mayor a tres minutos para una emergencia, y si no, te voy a dar una boleta de arresto”, dice una voz de mando a los agentes policiales. “Tardaste demasiado en llegar, te voy a mandar a servicio extraordinario, para que aprendas a moverte rápido”. Esa es la frase constante que escuchan los elementos de policía, aquellos agentes “imprudentes” que “no saben manejar”.

Y si algo ocurre dentro de esa forma tan temeraria de conducir, un accidente por ejemplo, “el que pega, paga”, así que al agente de la ley que ocasiona algún daño, debe repararlo de su bolsa, ya que para ellos no aplica “que pague el seguro, ahí nomás da lo del deducible”, y en cuanto a asesoría jurídica, los asesores del Municipio no ayudan mucho.

“resérvate el derecho a declarar” y con una palmada en el hombro, como para inspirar confianza, les dicen: “no va a pasar nada”, y acto seguido, jamás vuelven a consultar el estatus de la carpeta de investigación, orillando al policía a contratar servicios de abogados particulares, nuevamente con un desgaste en sus bolsillos.

¿Qué les espera a los oficiales caídos? ¿Una ceremonia luctuosa frente a la corporación? ¿y luego? ¿Es válido que un elemento de policía sea explotado bajo el pretexto de “tienes hora de entrada pero no de salida” obligándolos a trabajar hasta cuatro horas después de que han terminado su horario de trabajo de más de doce horas? ¿Es legal que se les obligue a participar en servicios extraordinarios de fin de semana en contra de su voluntad? ¿Hasta qué punto es válido que ellos mismos paguen los desperfectos de sus unidades, cuando fue resultado de intentar hacer bien su trabajo? También ellos son personas, pero tal parece que a ellos no les amparan los Derechos Humanos.

Y ya que estamos en épocas de pedir disculpas por los errores del pasado, como en un acto de nacionalismo (o de falta de cordura) lo exigió nuestro presidente a nuestros hermanos españoles (digo hermanos, porque para un servidor no existen las razas ni las nacionalidades, y como algún día lo manifestó José María Morelos, “que sólo nos distingue el vicio y la virtud”), entonces, ¿a quién debemos exigir disculpas por los abusos hacia todos los servidores públicos que son obligados a trabajar fuera de sus horarios de trabajo? ¿Alguna vez han acudido a las agencias del Ministerio Público después de las cinco de la tarde, ya entrada la noche, y han observado que hay mucho personal trabajando fuera de horario, dándole una cucharada a sus recipientes de sus comidas, entre un expediente y otro? ¿Alguna vez han visto a algún elemento de policía o tránsito comerse una torta de jamón, la cual devoran como si fueran niños de hospicio, a bordo de una patrulla? Deben de hacerlo así porque en ocasiones no hay tiempo ni para ir al baño (muchas veces en las casetas los baños no sirven, o simplemente no hay. ¿Y qué les queda hacer? No les queda de otra: la institución así lo exige, y si no cumples, te esperan dos alternativas: el despido o una boleta de arresto. Con una familia qué mantener, no pueden darse el lujo de que los corran.

¿Debemos exigirle a los síndicos del ayuntamiento, una disculpa por haber generado esa hermosa coincidencia entre el parentesco de nuestro presidente municipal, con el ganador de la licitación por más de cuarenta millones de pesos, para los servicios de limpia municipal? (al suscrito también me hubiese gustado ganar esa licitación para ofrecer mis servicios de limpieza, pero empezaría por los Palacios Municipales). ¿Y el ciudadano? ¿Merece acaso disculpas por haber gastado sus impuestos en obras innecesarias, con precios alterados y todavía con el cinismo de quedarse con el cambio, cual si fueran niños que acuden por las tortillas y toman el sobrante para comprar golosinas a escondidas de la madre?

¿Cuál es el protocolo a seguir? ¿A quién debemos de pedir disculpas por tener esta Nación “patas pa arriba? A todos aquellos que se incomodaron por lo narrado en estas líneas, les ruego acepten mis más sinceras disculpas. Un abrazo fraternal.

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