Es tradición de muchos años en nuestro país la celebración del denominado día de muertos y es un día con sentimientos diferentes: celebraciones festivas y muchas otras formas respetuosamente con su dolor.
Resulta increíble, pero es cierto, los mexicanos tenemos la costumbre de hacer todo tipo de burlas y desprecios a la muerte y nos reímos de ella; no puedo decir que sea bueno o que sea malo, simplemente lo es, así vemos que personas de diferentes edades, niños, mujeres y personas de avanzada edad, se disfrazan representando una figura que pretende significar símbolos de muerte; pero lo hacen de forma festiva, con música, desfiles y les llaman catrinas, se ha hecho ya una costumbre generalizada en todo el país, hasta los políticos han hecho de esto un motivo de propaganda. Sin embargo, la realidad es que este año las circunstancias que están alrededor de este día de muertos son totalmente diferentes a las de años anteriores.
Estamos de acuerdo en que todos los cementerios y lugares en los que están reposando los restos, van a estar repletos de personas que llegan con recuerdos, van a adorar y muestran signos de dolor a sus seres queridos. Esta es una parte y hay más que no han podido viajar porque están en lugares lejanos a donde reposan sus seres queridos por dos razones: primero por la situación económica cada vez más apremiante y también porque una gran mayoría tienen miedo de viajar por el riesgo de asaltos, extorsiones e inclusive asesinatos. Esos se quedan donde viven, soportando su dolor y haciendo oración en los lugares cercanos.
Los cementerios de cada ciudad seguramente que estarán repletos y habrá conjuntos musicales de diversos tipos para que los dolientes contraten sus servicios, para que toquen la música que le gustaba en vida a los que están muertos, como es costumbre llevaran alimentos y bebidas especialmente lo que gustaba al ser querido.
Que tristeza que sea difícil ir a Michoacán, donde los pueblos indígenas hacen unas respetuosas ceremonias para recordar a los seres queridos. Qué pena la violencia propiciada por algunos grupos, que no quiero nombrarlos, pero que todo mundo conoce; porque Tzintzuntzan y los pueblos que están alrededor del lago de Pátzcuaro son verdaderas ofrendas preciosas por su sinceridad, entrega y una especie de sincretismo, que hacen que los que menos tienen sacrifiquen a veces sus ahorros, para recordar a los muertos. También es costumbre en muchos estados, principalmente al sureste de nuestro país hacer ceremonias externando su dolor y orando por su eterno descanso.
Pero debemos de hacer una reflexión. Creo que también es importante recordar y orar no solamente por los amigos y parientes cercanos, sino por los muertos por la pandemia que suman más de 400,000 tan sólo en México; también debemos recodar a todos los muertos por la violencia que desde ahora se han incrementado y que hay que recordarlos, pues abundan masacres que incluyen muchos muertos en un solo acto violento, niños, mujeres, adultos y personas de la tercera edad, sin distinción y a plena luz de día son sacrificados impunemente sin ninguna justificación y solamente forman parte de las estadísticas, pero aún no hay soluciones para que se acabe.
De los que han muerto recordemos a los que estuvieron en prisión, de los cuales hay pocos datos, pero sabemos por otras fuentes que, si ya de por sí llevaban una muerte en vida por los sufrimientos, la privación de la libertad y el maltrato, ahora no tienen la vida y sus familiares no les llevan una ofrenda floral o bien imploran una oración.
El único que puede darnos esperanza de vida y aumentar nuestra fe es justamente el Ser Supremo. Busquemos todos, creyentes y no creyentes tener la seguridad de que Él es el único camino.




