sábado, agosto 29, 2026
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Lo bueno de los muros

Hace mucho, mucho tiempo… cuando esta columna compartía la plana con Leonardo Di Caprio, Beyonce y Shakira – porque se publicaba en la sección de Cultura y Espectáculos de este mismo periódico- publiqué un texto que, de algún modo terminó siendo un elogio a las bardas, a su importancia para el desarrollo de la humanidad y el misterio que encierran para el que está del otro lado y no tiene una escalera a la mano.
Y debo confesar que hace poco volví a leerlo hoy puedo confirmar mi postura: estoy a favor de las bardas… pero antes de que se me acuse de murofílico – una de las peores ofensas a la mexicanidad actual- me parece necesario aclarar algunas cosas:
1.- Aquello se publicó un cinco de junio de dos mil quince… y había la misma cantidad de metros de pared entre México y Estados Unidos que los que existen hoy. La pared o más bien reja que existe desde hace muchos años no será “yuge”, pero eso sí, es horrible.
2.- En esas fechas nadie se imaginaba que eso de los muros sería un tema tan de moda e importante como para evitar que chorromil toneladas de aguacate mexicano pasara a Estados Unidos en días previos al Súper Bowl.
3.- En sí, las bardas no son malas ni tienen la culpa de nada. Estoy a favor de todo ese discurso de derribar muros entre personas y naciones, pero seamos conscientes de que esa frase trata más de los muros simbólicos que de los reales.
No escribo esto para darme la razón en una referencia a algo que yo mismo dije –lo cual es pedante y pretencioso- o para avisar a aquellos que me leen en internet y que no sabían del cambio para que compren el periódico los sábados –lo cual es oportunista y de mal gusto- sino para hacer notar que, aunque humilde, esta columna está adelantada a su época. Hace diecinueve meses en esta columna se leía en Espectáculos y Cultura cuando un gringo estrella de reality show mostró interés en la política y empezó a vociferar que iba a construir un enorme muro y a todos nos parecía gracioso. Hoy ese pelele tiene los códigos nucleares y esta columna sale los sábados en la sección local ¿coincidencia? La verdad creo que sí.
Lo importante aquí es que el nuevo presidente de Estados Unidos ha dirigido campañas de difamación a prácticamente todo: Desde mexicanos, latinos, ha ido contra las mujeres, el sistema judicial de su país, los cachorritos, el presidente de México, comunidad LGBT, el gobierno de Australia, la amabilidad canadiense y el color naranja hasta una tirria especial e inexplicable a Kristen Stewart –es inexplicable porque no tiene que ver con sus películas- pero se ha dedicado a hablar maravillas de los muros. Como resultado los mexicanos empezamos a apreciar lo nacional, la gente marcha por la igualdad de género, los cachorritos son adorables, defendemos el honor de jueces que ni conocemos, le decimos gacho hipócrita a Trudeau y hemos llegado al extremo de apoyar una decisión de Peña Nieto… pero ahora todos odian a los muros.
Aprovecho este espacio –sección local y en sábado, por si lo habían olvidado- para recordar algunas cualidades de los muros y que así dejen de ser tan odiados por asociación:
* Sirven para recargarse. Ya sea que esperemos el camión o que necesitemos recargarnos para alguna otra actividad –solos o en pareja- un muro siempre estará ahí para apoyarnos.
* Son buenos compañeros de juego. Cuando tenemos una pelota de goma, nadie con quien jugar y algo de tiempo que matar, el muro no se negará a regresar lo que le lancemos.
* Herramientas de privacidad ¿qué sería de las casas sin los muros? ¿podemos imaginar la dinámica de un baño público sin separaciones? Hay muros que deben ser derribados, pero hay espacios en los que de veras es preferible no convivir.
* Fuentes de información. En las bardas nos podemos enterar quién fue candidato a la diputación de Tarandacuao por el PT en 1996, cuál banda tocará este fin de semana en la explanada de la feria, cuál es la relación sentimental de alguien y, en las que separan los baños públicos hasta es posible obtener el teléfono de alguien que quiere pasar un buen rato
* Como instrumento de espionaje. Si no hay un muro ¿dónde pondríamos los agujeros para espiar al otro lado?
* Como agente unificador. Porque cuando alguien amenaza con poner un muro para separarnos de quienes queremos, es necesario ponernos de acuerdo para evitarlo.
Honestamente no sé si efectivamente se vaya a construir esa gran barda entre México y Estados Unidos o quién la vaya a pagar… de lo que sí estoy convencido es de que servirá para muchísimas cosas, pero ninguna tendrá que ver con acabar con los problemas de alguno de los dos lados, a menos que el problema sea que a alguien se le vuela el balón en plena cascarita, entonces sí puede ayudar un poco.
Y es que ya lo dijo el bardo: A nadie le gusta topar con pared, y mucho menos si se está entre ésta y una espada, pero a pesar de todo me gustan por útiles e inútiles al mismo tiempo, porque al ver una barda hay una parte del cerebro que inevitablemente calcula qué se necesitará para brincarla.

notengomeil@gmail.com

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