León ya es una ciudad hecha y derecha, con todos los problemas de una ciudad cosmopolita. La ciudad acoge a más de 11.000 personas extranjeras procedentes de 125 países, alrededor del 7% de la población y continúa creciendo.
En 2011 obtuvo una mención honorífica en el Sustainable Transport Award 2011 junto con Guangzhou, China, superando a San Francisco, California y a Zúrich, Suiza. Ocupa el tercer lugar a nivel Latinoamérica con la mayor red de ciclo vías. En febrero de 2018, León fue considerado dentro de las 100 ciudades más renovables del mundo; de acuerdo al resultado del Proyecto de Divulgación de Carbono (CDP), publicada por Bloomberg.
Desafortunadamente en días pasados la organización mundial Greenpeace dio a conocer un estudio de la plataforma digital IQAIR Air visual que muestra a nuestra ciudad con niveles por arriba de lo permitido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
¿Qué paso?
Un artículo recientemente publicado menciona el declive en la calidad de vida en la vecina ciudad de Querétaro (Financiero, febrero 2019).
Por ahí se menciona un dicho que dice “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.
La contaminación persiste. No hay mejoría en este rubro y el municipio no contribuye con ideas a transformar este problema con la creación de más áreas verdes aunque si haya embellecido con plantas y flores algunos camellones de la ciudad, que solo mejoran la vista pero no el ambiente.
EL IMPLAN ha hecho una labor loable y se nota.
A pesar de ello, requerimos una visión mucha más amplia hacia el futuro.
No es suficiente tratar con aspirinas en dosis pequeñas como para prevenir infartos por bloqueos a la circulación.
Requerimos ideas. Un plan de crecimiento sustentable con miras al uso de energía renovable. La disminución del uso de hidrocarburos. Crecimiento de la industria de energías alternativas con la participación de mentes mexicanas y una oportunidad para su desarrollo.
¿Que se requiere de mucho trabajo, conocimientos, estrategias y dinero?
¡Por supuesto!
No es fácil dejar nuestra zona de confort y atreverse a soñar o innovar.
Podría considerarse prepotente o una pérdida de tiempo.
Esto sería un error, pues soñar y ponerle una fecha con límite de tiempo es trabajar hacia un objetivo para lograrlo.
Hacer lo que hacemos diariamente es vivir en nuestra zona de confort, aceptando el tráfico, la inseguridad, a nuestro jefe (si tenemos uno), la contaminación, el transporte público.
Porque es lo que conocemos, sea agradable o no. Nuestros hábitos, relaciones, comportamientos, son también parte de nuestra zona de confort.
A un lado de esta zona está el aprendizaje, lo que hacemos en las escuelas, en nuestra vida diaria. Cuando viajamos aprendemos diferentes puntos de vista, ampliamos nuestras perspectivas, conocemos otras sociedades, culturas.
Así comparamos, experimentamos y constantemente incrementamos nuestra área de conocimiento.
Pero no a todos nos gustan estos retos.
Hay quienes se incomodan o se asustan por lo que buscan permanecer en su zona. En dónde nada cambia. Evitando otros puntos de vista, pues lo consideran un peligro. Mejor permanecer en la zona de confort para evitar llegar a una región en donde pueden suceder cosas gravísimas.
Es la zona de pánico, la zona de: Te lo dije o te lo advertí, de si algo sale mal.
Pero… y ¿si sale bien?
Llegaremos a la zona de donde lo imposible es posible, de la magia.
Es la zona de los grandes retos
Muchos piensan que no hay regreso si alcanzas esta zona de peligro. Donde la zona de confort desaparece.
Esto es totalmente falso. Con esto también logramos extender esta zona e incrementamos nuestros conocimientos.
No hay pérdidas, hay desarrollo.
Sin embargo, lo que nos impide avanzar y arriesgarnos es el miedo.
Si, miedo a perder lo que somos, lo que tenemos. Es decir, incrementa nuestra tensión emocional y evitamos fortalecer la tensión creativa. La primera jala hacia nuestra zona de tranquilidad y la segunda requiere de la motivación para lograr vencer nuestros miedos. Miedos al qué dirán, al fracaso, a la vergüenza, a la falta de aceptación.
Tenemos los recursos, pero no la mentalidad creativa o innovadora.
Preferimos que otros decidan por nosotros.
Disfrutar de la tecnología extranjera, en vez de buscar formas de desarrollar la nuestra. Prácticamente 82 millones de mexicanos tienen acceso a la telefonía y el 75% adquiere un teléfono inteligente.
El 80% de los mexicanos nunca ha viajado en avión. (Encuesta de Consulta Mitofsky, 2012)
No tenemos estadísticas para conocer cuántas personas en México jamás han salido de su localidad. Para darnos una idea en México hay 55 millones de personas pobres. ¿Cuántos de ellos podrían viajar, si muchos viven en la pobreza extrema?
Si queremos permanecer “confortablemente”, ¿cómo piensas que podremos salir de la corrupción, de la inseguridad o de la pobreza si no nos arriesgamos a generar?
Si seguimos dependiendo de lo que papa Gobierno, papá empresario, papá jefe, papá amigo o papa limosna nos den, dejen o digan?
Es tiempo de tener confianza en nosotros y dejar salir la pasión y la creatividad ¡Hazlo por ti, hazlo por México!
Cree en ti
¡Hasta la próxima!
Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com




