jueves, agosto 27, 2026
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DE CASAS, CASITAS Y CASOTAS

La corrupción está más presente que nunca en todos los ámbitos de gobierno. Evidentemente, la colusión que ha implementado la 4T y el partido en el poder MORENA, desde el gobierno de AMLO y ahora con la presidenta Sheinbaum, ha alentado a sus correligionarios en los estados y municipios donde gobiernan, sabedores que nada pasa y mucho menos, serán castigados jurídicamente.

Por supuesto, que, para muchos otros gobiernos emanados de otros partidos políticos del PAN, PRI, PVEM, MC, PT y gobiernos independientes, la corrupción cabalga sin freno alguno al grado del descaro y cinismo sin igual. Los funcionarios públicos pactan a diestra y siniestra perjudicando sus administraciones, con la única misión, de beneficiarse sí o sí.

Una de las formas más antiguas y conocidas de manifestarse la corrupción con la idea, de no ser fácilmente detectada, es que el dinero mal habido de políticos y funcionarios públicos se “invierta” en ladrillos, casas, departamentos y todo aquel bien inmobiliario. ¿Por qué? ¡Muy sencillo! No es fácil detectar e identificar con claridad cuantificar el dinero sucio, producto del pacto entre funcionarios públicos y particulares.

Es por ello, que para algunos ciudadanos es de llamar la atención, que cientos de hombres y mujeres dedicados a la política, hacen exactamente lo mismo. Se ven involucrados en escándalos que tienen que ver con su patrimonio que crece y crece cómo la espuma, sin poder justificar con claridad el origen de dicho recurso, pero también, es sencillo encontrar una serie de argumentaciones para tapar, operaciones encubiertas.

Hemos pasado de escándalo tras escándalo en distintos gobiernos, de diferentes partidos políticos, que están en el poder en ese momento y escuchar justificaciones inverosímiles, cómo la famosa casa blanca de la esposa del presidente de México, Enrique Peña Nieto, que hizo que la primera dama saliera a medios de comunicación y justificará la compra de dicha casa, producto de su sueldo como actriz de televisa. Nadie lo creyó.

La casa gris del hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador, José Ramón López Beltrán y su esposa Carolyn Adams, que alquilaron una lujosa residencia en Houston, Texas. Dicha propiedad pertenecía en ese momento a un alto ejecutivo de Baker Hughes, una empresa que había recibido contratos multimillonarios en el gobierno de AMLO, concretamente en PEMEX. Cuando el propio mandatario mexicano, declaro públicamente: “la señora se ve que tiene mucho dinero”, refiriéndose a su nuera.

La casa azul del exgobernador de Guanajuato, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, una propiedad que ocupaba junto con su familia en una exclusiva zona residencial al norte de Houston, Texas. Inmueble propiedad de Daniel Ezquenazi, un arquitecto mexicano, representante de la empresa Seguritech y responsable del área de relaciones públicas, la cual ha suscrito millonarios contratos de seguridad para el gobierno del estado.  

Hay que recordar, que previo a la investigación periodística, el propio mandatario guanajuatense, declaro en medios de comunicación: “me voy fuera del estado junto con mi familia, por amenazas del crimen organizado”

Finalmente, las casas de campo o descanso del senador del PT y miembro de la 4T, Gerardo Fernández Noroña y de la presidenta municipal de León, Guanajuato, Alejandra Gutiérrez Campos, del PAN. Se presentan en situaciones igualmente irregulares y a la vista de propios y extraños, como propiedades que derivan de presuntos actos de corrupción, que jamás nunca, evidentemente reconocerán y que todos, todos defienden su honorabilidad, ante la duda y sospecha ciudadana.

¿No cree usted?

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