Las tenerías, lugares donde se lleva a cabo el proceso de curtir piel, se han ido transformando con el paso de los años, al grado de casi desaparecer de toda la zona urbana del municipio.
Tan importantes han sido para León que, gracias a ellas y a los procesos que se realizan en éstas, el municipio es la capital mundial de la piel y el calzado, e incluso, el término ‘panza verde’, surge a raíz de uno de los tantos pasos que se llevaban a cabo en las tenerías.
En estos lugares se recibe y trata con químicos y colorantes las pieles y cueros de diversos animales, incluso, la mayoría llegan a dicho sitio con pelos aún.
LABOR ANCESTRAL
Según un libro que almacena el Archivo Histórico de León titulado: ‘Evolución histórica de la curtiduría en León’, de Eva Piñón Medina, desde que el hombre prehistórico empleó las pieles de los animales que cazaba para cubrir su cuerpo, se puede suponer que nació la curtiduría.
Este libro, señala que las primeras civilizaciones que se asentaron en la Tierra, como por ejemplo los egipcios, así como los chinos, y romanos, ya llevaban a cabo procesos de curtiduría, en los que a base de aceites se les daba el tratamiento para poder usar los cueros.
Incluso, en la literatura griega, homero en la Ilíada hizo referencia sobre la curtiduría, en su capítulo XVII, v.389.
Por su parte, en México prehispánico también dejó vestigios de que ya existía la labor de curtiduría, y como ejemplo de ello está el códice Mendocino, trabajado en piel de venado.
La conquista sin duda trajo consigo toda clase de productos ya curtidos y manufacturados, como lo fueron botas, monturas de caballos, cinturones y correas, por lo que sin duda representó un factor de crecimiento a dicha labor, pero ¿cómo llegó a León?
BARRIO COMO INICIO
Para esto, el contexto sitúa la fundación de León el 20 de noviembre del año de 1576, y después la fundación del Barrio Arriba en el año de 1597 por negros mulatos libres, pues fueron separados de los españoles para que formaran su propio barrio.
Este punto es muy importante debido a que en las entrañas de la hoy colonia Obregón surgiría el gremio de los curtidores, esta labor tan representativa de los leoneses, pues era el lugar que albergaba aproximadamente a 600 tenerías.
Para el año de 1796 ya había personas realizando esta labor, pues según un testamento de ese año de José Vicencio Miranda, quien habitara en el Barrio Arriba, dejaba a sus familias fábricas, pilas y docenas de zapatos.
También es importante destacar que para el año de 1836 fue nombrado a Julián de Obregón como jefe político. Él, según el libro de la Evolución histórica de León fue conocido como el padre de la industria manufacturera de León, pues hizo venir habitantes de Puebla para que les enseñaran esta labor a los leoneses.
Así mismo: “En la segunda mitad del siglo XIX, cuando en Francia se comenzó a utilizar la curtición al cromo, los procedimientos rudimentarios que se utilizaban comenzaron a desaparecer y se adoptó la tecnología europea” señala textualmente el libro.
Por eso, ciudades como Puebla, Guanajuato y Jalisco, se beneficiaron de ello ya que adoptaron nuevos procesos en sus tenerías; pero no fue hasta después de la Revolución Mexicana cuando todo esto sentó bases.
CAMBIARON LOS PROCESOS
Sin embargo, antes de que estallara el conflicto bélico, la tenería ‘la Francesa’, en el año de 1870 cambió su sistema de acabado y curtido en un proceso mixto.
Con la llegada del ferrocarril en 1882, se expandió el comercio local pero desafortunadamente se vivió una de las inundaciones más fuertes de la historia en el municipio en el año de 1885.
Repuestos de esta situación, para 1897 León se convirtió en la primera mitad del bajío en tener energía eléctrica y en 1902, la tenería ‘La hormiga’ marcó el principio de la industrialización. Para 1910 comenzó la Revolución Mexicana y 9 años después, se pudo estabilizar dicha situación que la tenería La hormiga ya había iniciado.
En el año de 1920, León fue reconocido como ‘la ciudad de los talleres’, la mayoría ubicados en el tradicional Barrio Arriba. Tres años después, se fundó la Asociación de Curtidores en pro del gremio.
En este mismo año, León tuvo su primer equipo de fútbol soccer profesional, derivado de este gremio de trabajadores de la piel, el legendario equipo llamado «Unión de curtidores».
La década de 1930 fue de esplendor e innovaciones en técnicas, materias primas y maquinarias para el proceso de curtido. Para 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, despegó la industria de curtiduría y zapatera. Dos años después, se fundó la Cámara de la Industria Curtidora.
Para 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial se presentó una baja demanda de calzado, lo que provocó la quiebra de diversos talleres. Para el año de 1950 ya existían 134 industrias curtidoras, a pesar de la quiebra de muchos pequeños talleres.
En la década de 1960 a 1970, técnicos mexicanos especializados en curtiduría que obtuvieron preparación extranjera influyeron en la modificación de los procesos para acelerar los resultados de producción con mayor tecnología incluso.
Entre 1980 y 1994 fue un periodo de reconversión de la industria, adaptándose a los procesos modernos del presente siglo XXI, en el que a pesar de tanta tecnología y técnicas nuevas, algunos que no tienen el capital necesario para ello siguen realizando el proceso a la antigua.
Así lo compartió Ernesto Moreno con este diario, quien es habitante del Barrio Arriba, y más de 60 años de su vida los trabajó en una tenería.
EL PROCESO
Él, nos explicó de manera muy general el proceso que se lleva a cabo en el interior de una tenería:
El primer paso es el pelambre, las pieles o cueros que aún tiene pelos entran a un paleto, una especie de tina muy grande de madera y que da varias vueltas con mezcla de químicos como sulfuros.
Una vez sin pelo, se remueven a los tambores, una especie de barrica muy grande en el que llegaban a caber hasta 300 cueros, dependiendo del tamaño.
Después se sigue el proceso de descarnar, antes se hacía con un cuchillo muy grande y una especie de respaldo llamado “burro” en el que se le quitaba toda la carne al cuero.
Dijo que antes, porque hoy la mayoría ya tiene maquinaria que se encarga de hacer eso, pero con toda seguridad dijo que siguen existiendo ‘descarnadores’.
Una vez descarnados se limpia y se divide la carnaza y el cuero o la piel, también llamada ‘la flor’ y así ésta última se mete nuevamente en tambores especiales para que se les vierta cromo, aquí, la piel se torna color azul.
Una vez pasado el proceso de cromación, los cueros o la flor se sacan y se llevan a escurrir y reposan un día aproximadamente; después esperan otro día para que la piel “cuaje” y después se raspa de acuerdo al grosor que necesiten dicha piel.
Posteriormente se pinta ya sea de negro o café, siendo los colores más comunes que se usan y una vez bien pigmentados, con el reposo de un día aproximadamente, se lleva a cabo el proceso de clavado; el cual, consiste en clavar y estirar la piel por partes “hasta donde aguante”. Después se lleva a la máquina denominada ‘el vacío’ que finge como una especie de plancha que aplasta dicha piel.
Aquí se pule, y se le da el acabado que se requiere la piel, ya sea un color brilloso o mate, una piel tipo notebook, gamuza, entre otras.
Una vez teniendo esto por último se mide y se corta de acuerdo al pedido que las fábricas de artículos de piel encargan.
“Yo duré toda mi vida en las tenerías, entré a trabajar cuando tenía unos 10 años porque ahí me metía a jugar y después empezaron a decirme que los ayudara a clavar. A los 12 años ya empecé solo” expresó así Ernesto Moreno.
Las tenerías tienen un aroma muy característico, muy fuerte y en ocasiones hasta desagradable, pero el señor Moreno compartió que una vez estando adentro y conviviendo con ese aroma diario, “tu olfato se acostumbra”.
Sin embargo sí reconoció que el aroma es muy penétrate, pues tanto los cueros como los químicos producen olores muy fuertes; “A veces me metía a bañar y aun así la piel seguía oliendo un poco” señaló.
BUENAS O MALAS HISTORIAS
Por otra parte, el señor Francisco Javier López, habitante de la colonia Obregón de toda la vida, señaló que esos procesos antiguos, así como técnicas en las que se utilizaban a los burros como principal medio de transporte para cargar pieles ya sólo quedan en la historia, porque ya hay mejores procesos.
“Para las pequeñas industrias ya se acabaron, cada quién curtía a su modo y había muchos procesos pero ya hay tecnología” expresó el señor López.
Recordó que antes, el agua abundaba demasiado, pues incluso el río de los Gómez era el desagüe de toda la zona de la hoy colonia Obregón.
Por eso, en la zona del Barrio Arriba, y más la que colinda con el Malecón, abundaban grandes tenerías como la Titán, la Aguilar, la Española, o la Álvarez.
Cuando se fueron del Barrio, él dijo que muchas empresas se fusionaron, se asociaron e hicieron sus fincas rumbo a San Francisco del Rincón.
Grandes industrias como la Europea, la Medina Torres y Curtidos finos se mudaron a los nuevos corredores industriales y modificaron completamente sus procesos.
PANZAS VERDES Y MONUMENTOS
El término de ‘panzas verdes’ se asocia mucho con el proceso de la curtiduría, pues quienes se encargaban de descarnar o de transportar las pieles en burro por lo regular terminaban llenos de químicos que en la ropa producían un color verde.
Así lo señaló el señor Francisco, aunque reconoció que eso es una de las teorías más aceptadas por la ciudadanía, pero sólo es teoría.
Por ese sentimiento de gran arraigo ante el oficio de la curtiduría existen monumentos en honor a estos: Uno está ubicado a las afueras de la CICUR sobre el bulevar López Mateos titulado “El Descarnador” y otro más es el monumento al curtidor, ubicado en el Río de los Gómez en el carril que se dirige al Centro Histórico de la ciudad, posterior a unos cuantos metros del bulevar Hidalgo; según Francisco, es un emblema muy representativo para toda la colonia porque recuerdan cómo el burro era el principal medio de transporte para su industria.
Así pues, el monumento consta de 3 burritos cargados de lo que parece ser cueros y un arriero atrás de ellos; sin embargo, ha sufrido vandalismo, pues hasta se han robado la barita que traía el arriero en algunas ocasiones.
Con una industria tan históricamente representativa como la de la curtiduría, los monumentos tenían que aparecer en honor a toda esa historia.




