jueves, septiembre 3, 2026
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Cuando nos tendemos la mano

Quizá pudieron ser un gran arquitecto, escritor, científico o el futuro líder de la selección mexicana que por fin nos llevara de la mano a ganar la copa del mundo, pero nunca lo sabremos, las ilusiones de 21 niños se extinguieron junto con su vida al derrumbarse sobre ellos la escuela en la que estudiaban debido al sismo que sacudió a la Ciudad de México y varias entidades más el pasado 19 de septiembre.

Quiso el destino, la suerte, la coincidencia o como se le quiera llamar, que volviera a ser un 19 de septiembre una fecha asociada a la fatalidad y nuevamente con un terremoto, igual que como sucediera en aquel 1985, tan lejano y tan presente. El de aquel entonces causó mayores estragos en todos los órdenes, pero dejó muchas enseñanzas que ahora se tradujeron en una sociedad mejor preparada para enfrentar este tipo de fenómenos naturales.

En el Colegio Enrique Rébsamen se vivió la terrible tragedia en la que ocurrió lo peor que puede sucederle a una persona, perder a un hijo. Ahora todos los funcionarios se deslindan de responsabilidades por el desplome de la estructura, hablan de clausuras pasadas, de irregularidades que se pasaron por alto y se señalan unos a otros, lo mismo de siempre. Habrá que imaginarse cuántos edificios están en la misma situación de vulnerabilidad en esa gran urbe que es la capital del país.

Al igual que en el Colegio Rébsamen la desgracia se hizo presente en otros puntos de la antigua Tenochtitlan y del Estado de Morelos y Puebla, sumándose a los de Oaxaca y Chiapas, ya seriamente afectados por el fuerte temblor del 7 de septiembre. En estos lugares hubo que lamentar muertos y heridos de todas las edades, desde infantes hasta ancianos. Los miles de damnificados que quedaron sin techo y otro tipo de recursos también están en su lucha diaria por reconstruir sus vidas.

El pueblo mexicano se ha volcado en ayuda de todo tipo desde el primer momento, como los rescatistas voluntarios, ciudadanos que apenas unos instantes después de haber terminado el movimiento telúrico comenzaron a retirar escombro para poder salvar vidas o la gente que con buena voluntad ha donado alimentos y diferentes artículos para auxiliar a nuestros hermanos en desgracia. El reto de la reconstrucción es enorme en sitios como Juchitán, Oaxaca y Jojutla, Morelos, pero siempre los mexicanos nos hemos sabido levantar del infortunio y en esta ocasión no será la excepción.

La solidaridad se ha hecho presente una vez más en esta gran nación, en las instituciones educativas, en organizaciones no gubernamentales, en empresas y un largo etcétera. Los civiles han trabajado hombro a hombro con los elementos de la Marina Armada de México, el Ejército, Bomberos, Cruz Roja y muchos más, incluyendo equipos de rescate de otros países que llegaron a colaborar a las zonas más afectadas.

Sin importar la condición social la gente dio lo que pudo, se observó en no pocos momentos a gente humilde llevar su donativo en especie, algo que con toda seguridad no les sobraba, pero siempre fue mayor el deseo de auxiliar a los que lo habían perdido todo. Ese es el México solidario, cuyos habitantes se dan la mano cuando se requiere, si esa unidad la tuviéramos siempre, sin pensar en posiciones políticas, en diferencias ideológicas o ambiciones personales sin escrúpulos, ¿a dónde no llegaríamos?
FELICITACIÓN
Una gran felicitación al equipo de trabajo que hace posible El Heraldo de León por su 60 aniversario, enhorabuena y que sean muchos años más.

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