La corrupción y la política van de la mano. Son inseparables. No se puede entender la una, sin la otra. La corrupción, que se manifiesta a través de la conducta determinada de mujeres y hombres que viven de la política y está última, se expresa en el poder que se otorga a una persona, que ejerce un cargo o puesto político.
En pocas palabras, la corrupción es el abuso de poder o de confianza, para beneficio personal, que viola principios y códigos de conducta y ética, perjudicando el interés de la comunidad o sociedad. Se manifiesta de diferentes maneras como, por ejemplo, el tráfico de influencias, el soborno, el fraude, la malversación de fondos públicos, etc.
No hay un solo país en el mundo, donde converjan la corrupción y la política, que esté exento de abusos de poder y, por consiguiente, de corrupción. Afectando a todas las sociedades y socavando las instituciones públicas y el desarrollo democrático y económico. La corrupción está presente en todos los regímenes.
Desde luego, que hay países, sociedades, gobiernos y políticos más corruptos que otros. Donde la política y sus instituciones jurídicas, administrativas, de transparencia y rendición de cuentas son más fuertes y apegadas a la ley y no, simples andamiajes y simulaciones burdas. Y dentro de esos propios gobiernos y sistemas políticos, encontramos una inmensa gama de normas jurídicas que hacen a un Estado, más fuerte o débil que otro.
Nuestro país, México ha sido un lugar en el mundo y en concreto, en su gobierno interior donde la corrupción y la política han encontrado un enorme campo fértil para el abuso del poder, durante toda su historia. Independientemente de quién o quiénes han gobernado, en los últimos tiempos.
Hemos transitado de un partido hegemónico que gobernó 77 años, a un partido de oposición al régimen que llego al poder 12 años y ahora, otro partido de reciente creación que ofreció una transformación, que sólo ha convalidado aún más la corrupción vivida en los últimos 101 años de vida política en nuestro país.
La corrupción en México ha sido la fuente de llegada y salida de distintos partidos político que han abusado del poder. El PRI salió por corrupto tras 71 años y después, de una breve alternancia de 12 años, vuelve al poder 6 años más y pasa lo mismo. El abuso y excesos de poder del PRI de Peña Nieto hacen que la sociedad harta de corrupción busque otra alternativa.
Hoy con la 4T, con la supuesta transformación que daría un giro a la vida pública del país y que AMLO, vendió y construyó un discurso en torno al combate a la corrupción, su partido MORENA y su movimiento de regeneración nacional no serían lo mimo que los otro partidos y políticos corruptos. México vive uno de los momentos más profundos de abuso de poder.
El castigo a los corruptos nunca llegó con López Obrador y vemos, que, con Claudia Sheinbaum, tampoco. La impunidad sigue prevaleciendo en el sistema político mexicano y la escalada de escándalos en el actual gobierno de la república, no tienen fin y mucho menos castigo. La corrupción en la 4T y en esté primer año de gobierno, no tienen precedente.
Se está gestando y replicando estás pésimas prácticas al interior de gobiernos municipales y estatales, que aún cuando no son de MORENA, se han convertido en aliados políticos de facto y hacen lo mismo en sus territorios, sabedores que cuentan con la protección de la 4T y de la presidenta Claudia Sheinbaum.




