miércoles, septiembre 2, 2026
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Convierten idea sencilla en empresa familiar

La Sra. María del Buen Consejo García es originaria de la comunidad de Emiliano Zapata, ubicada a 45 minutos de la cabecera del municipio de San Felipe, Guanajuato.

“Doña Mari” como le gusta que la llamen, ha dedicado los últimos 40 años de su vida, a ser ama de casa para sacar a sus hijos adelante, ella ayuda a su esposo en las tareas agrícolas, pues entre ambos tratan de mejorar la economía de su hogar.

Sin embargo, hace 11 años todo cambió. Debido a la necesidad de contribuir al gasto familiar, esto la hizo pensar en diferentes actividades u alternativas. Un día se dio cuenta que en su comunidad el xoconostle era un fruto que estaba presente al por mayor y de pronto tuvo una idea.

“Decidí usar la cocina de mi casa para realizar pruebas, empecé a elaborar mermeladas y salsas, no sabían tan mal, a mi familia le gustó.

Mi primer descubrimiento con el xoconostle fue la salsa, me quedó bien. Después de varios días de intentar hacer más mezclas, la salsa me salió, se le puede poner a la carne asada, pollo, pescado, a los frijolitos, es una salsa muy natural y que combina con todo”.

Ahí decidió ofrecerlo a sus vecinos y visitantes de San Felipe, poco a poco sus ventas se incrementaron.

Tiempo después, en el año 2005, se acercó a la Secretaría de Desarrollo Económico Sustentable del Estado de Guanajuato para recibir capacitación para mejorar su presentación, envasado y distribución.

En ese momento se dio cuenta que esta posibilidad de ingreso podría ser más que eso.

“Mi esposo fue pieza clave para animarme en este negocio, siempre me apoyó y me permitió hacer lo que me gustaba y era mi forma de ayudarlo a él con el sustento de nuestra casa”.

Después de recibir la capacitación, comenzó a preparar más productos como: salsa de xoconostle, crema de agave sabor piñón, sabor capuchino, nopalitos en escabeche, miel de agave, cajeta de leche de vaca, pinole, cacahuates garapiñados con ajonjolí, mermelada, licor y xoconostle en almíbar.

El éxito de sus productos propició que 5 de sus hijos se involucraran en el negocio familiar, evitando así su migración a los Estados Unidos.  “Gracias a este trabajo mis hijos se quedaron conmigo, me ayudan en la preparación, al envasado, etiquetado. Hasta mis nueras también participan”. (Sonríe).

“El buen consejo”

Hace poco más de 4 años Federico, su esposo, falleció dejándola al frente de su hogar.

“Doña Mari” a sus 66 años de edad recién terminó la primaria y quiere seguir con sus estudios para ser el ejemplo de su familia. “Mi orgullo más grande era mi esposo, cosa del destino él se fue, me ha dejado, pero él convenció a mis hijos, vamos a trabajar y hacerlo fuerte como la familia que somos”. (Llora)

Su familia es sólida y está convencida que unidos pueden lograr lo que se propongan.  “Uno puede trabajar en grupo y hay muchas diferencias, pero en familia, es distinto porque todos trabajamos por el mismo objetivo”.

Considera que el estudio es lo más importante, no ha quedado conforme con la capacitación que ha recibido por parte del Gobierno del Estado, por eso está dispuesta a aprender más.

Actualmente, toma cursos y talleres en: calidad del producto, preparación, envasado, plan de negocios, entre otros.

Hoy, se encuentra en el proceso de registro de su marca, para definir el nombre del negocio, “Federico, mi hijo el más grande me dijo, el buen consejo es el que tú nos das a todos y así le vamos a poner, es un buen nombre y así se va a quedar”.

Pero aquí no termina su historia, pues “Doña Mari” con buen ánimo se convirtió en una cocinera tradicional.

Fue voluntaria del comedor comunitario de su localidad, durante varios años participó en el concurso platillo saludable, hasta que “pasta mestiza” le dio el primer lugar a nivel nacional. Para obtener el premio intentaron varias veces hasta que lo lograron “Tenemos que participar, les decía a las señoras, si no ganamos no importa, lo que cuenta es la participación.  Hicimos una pizza con los insumos del comedor: frijol, pasta, quesos, pimientos, cebollas, zanahorias, capa por capa. Se veía tan bonito, me emocionaba al verlo. Luego lo pusimos en una cazuela de barro y nos fuimos al concurso y ganamos”.

Poco tiempo después, recibieron una invitación por parte de la Secretaría de Turismo del Estado de Guanajuato para participar en el concurso de cocineras tradicionales, por lo que se reunieron en la comunidad, acordaron buscar las recetas de antaño, “les dije: pues vamos a buscarle, recetas que ya se han dejado y que hay que rescatarlas”.

Para la primera edición participaron con cuatro recetas: Escamoles (hueva de hormigas), Caldo de rata de campo, Flor de Palma y Flor de Maguey obteniendo el segundo lugar. “Nos apuntamos con las recetas y cuál fue la sorpresa que con el caldo de rata ganamos el segundo lugar”.

Mientras se llegaba la siguiente convocatoria, “Mari” recordó que su marido a la hora de la comida frecuentemente preparaba su bebida favorita que le hacía su bisabuela de niño, “agua de aguacate”, recuerda que la primera vez que la vio le resultó poco común e incluso un poco escéptica,  “se prepara con dos aguacates, miel de abeja, hielo y limón., es una bebida muy sabrosa y refrescante, así que la registré en el concurso y gané el primer lugar”.

Sus recetas ya fueron probadas en los estados de: Morelos, Yucatán, Sinaloa, Tabasco y en países como: España y Estados Unidos. “Es una gran satisfacción para mí porque esas recetas de mis abuelas no han quedado en el olvido”, concluyó.

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