
El tradicional Rosario Viviente de León celebrará su edición 71 bajo el lema “María, esperanza nuestra” el domingo 2 de noviembre en el estadio León, donde miles de fieles participarán en una de las expresiones de fe más representativas del Bajío.
Se espera la asistencia de al menos 23 mil personas. El arzobispo Jaime Calderón Calderón presidirá el rezo, que iniciará a las 7:00 p.m., con apertura de puertas a las 5:00. La Arquidiócesis recomienda asistir con una vela como símbolo de luz, fe y esperanza.
Previo al rosario, la Dimensión de Laicos convocó a una marcha pacífica que partirá del Arco de la Calzada a las 5:00 p.m. El coordinador, padre Roberto Guerrero, reiteró la invitación a toda la comunidad: “Es gratuito, una experiencia única que forma parte de la cultura y la identidad de nuestra Arquidiócesis y que se ha extendido a otras latitudes”.
Este año, el evento coincide con el Día de Muertos, lo que, explicó el sacerdote, sumará un sentido especial de oración por los difuntos.
Tradicionalmente se realizaba en mayo, pero fue trasladado a octubre, Mes del Rosario, y ajustado al calendario de la Liga MX. El estadio tiene capacidad para 27 mil personas y, aunque se transmitirá por redes sociales, la invitación principal es asistir presencialmente.
“La oración tiene una fuerza muy grande. Cuando nos unimos en un mismo espíritu, se genera un ambiente espiritual y de compromiso”, señaló el padre Guerrero. El rosario durará aproximadamente dos horas e incluirá mensaje final y bendición del arzobispo. La organización involucra a 400 personas, además de 50 a 60 elementos de seguridad y personal de Cruz Roja.
Durante el rosario se abordarán cinco temáticas que reflejan realidades actuales, locales y globales. Guerrero explicó: “Se hace una meditación de la Palabra de Dios, se reinterpreta en ejemplos cotidianos y permite asumir un compromiso, no solo ser espectadores, sino protagonistas de los cambios a los que estamos llamados”.
La preparación inicia prácticamente al concluir la edición anterior. “La semana siguiente realizamos la primera evaluación y después programamos con al menos seis meses de anticipación”, detalló el sacerdote.




