“Candil de la calle y obscuridad de su casa”, cita el viejo refrán popular aplicado a quienes predican acciones de bondad hacia el exterior, mientras que en lo privado distan mucho de su embustera filosofía.
Dicho adagio parece aplicarse a la perfección ala querida Presidencia Municipal de la bellísima pero peligrosa ciudad de León, Guanajuato, tierra que antaño fuese la capital del calzado, y hoy es el pueblo favorito de los Sicarios, ya que aquí se les da trabajo las 24 horas del día los 365 días del año.
Y para muestra basta citar el escándalo que persigue a la Secretaría de Seguridad Pública (una raya más al tigre) después de que se ventiló en las redes sociales el foco de infección en el que se convirtió el Centro de Comando, Control, Comunicaciones y cómputo, mejor conocido como el complejo “C4”, en donde más de 30 empleados de dicha corporación han sido diagnosticados con el tan temido Covid-19.
Y al mismo estilo de Poncio Pilatos, el director de tal Institución (quizás por órdenes de los jerárquicamente superiores) se lavó las manos argumentando que dichos contagios se derivaron por la forma de vida tan pachanguera y escandalosa de sus empleados, los cuales, en una noche de juerga, se organizaron para reunirse y convivir como buenos cristianos, terminando en un contagiadero al mismísimo estilo chino.
Sin embargo, mismos empleados de la ya citada dependencia, manifiestan, -y retan públicamente al Director- a que se dirija con la verdad, ya que tachan de falsa dicha reunión, además de sacar los trapitos al sol al decir que nunca se utilizó el protocolo de sanidad dentro del C4, y que incluso se les obligaba a trabajar cuando padecían de fiebre superior a los 38 grados, trabajando horas extras y capacitando personal a diestra y siniestra, todo esto pasándose por debajo del arco del triunfo (como muchas otras cosas) las medidas sanitarias y por supuesto, la sana distancia.
Por un lado, emiten comunicados y hasta fuertes multas (de esas de muchos números, como las que acostumbra el alcalde en uno de sus arranques de esquizofrénicas consecuencias) para los que no acatan las medidas de higiene y salubridad ante el bichito asiático, pero hacia el interior de las instituciones, no usan ni papel en el baño (generalmente no hay, alguien se lo roba).
Mientras tanto la curva de infectados ya parece el pico del Monte Everest, y la economía está más hundida que la fosa de las Marianas (a los políticos que leen esto, investiguen esa fosa, está en el Pacífico), y al paso que vamos, llegaremos al día de San Juan amenazados por el virus o por una bala de esas que ya abundan por estos cielos de Dios.



