
Conforme más se aproximan los días santos, más se escucha entre la gente de León los nombres de las colonias que serán el escenario principal de esta representación. Una de las más sonadas es sin duda, la Obregón, popularmente conocida como “la del Calvario” debido al templo que allí se ubica y que le brinda su personalidad única.
Esta es la historia y la evolución de uno de los lugares más representativos de la ciudad zapatera y de cómo, año con año, se consolida cuando se acerca la Semana Santa.
A la zona del Calvario se puede acceder fácilmente por el bulevar López Mateos. La colonia Obregón está repleta de calles, callejuelas y escalinatas que conducen a lo más alto: justo donde está el templo y el mirador que permite ver buena parte de León.
Recorrer esas calles que desde el López Mateos se aprecian amplias, pero conforme uno más se adentra se van haciendo más estrechas, es una de las experiencias que todo leonés ha vivido y que muchos foráneos viven con sorpresa.
Mujeres jubiladas como Olga Berenice Guzmán, de 75 años, han vivido en la colonia durante toda su vida, la han visto crecer y evolucionar, y han vivido los viacrucis desde las transmisiones en radio hasta Facebook Live.
“De aquí somos. Amamos nuestro barrio desde chiquillos”, dice.
Hace siglos hubo un monte, pero con el paso de los años la mancha urbana, tan inclemente como en toda gran ciudad en crecimiento, la llenó de casas, negocios y calles pavimentadas. Al respecto, Armando Ruiz Vera, escritor de las novelas sobre León ‘Infierno grande’ e historiador de la ciudad, recuerda para este medio al preguntársele sobre el templo y la colonia:
PASADO Y FE
“El Calvario es prácticamente una extensión del Barrio Arriba. La parte oriental del cerro está habitada prácticamente desde el siglo XXVIII, el poniente del cerro se comenzó a habitar a finales del siglo XIX y prácticamente se unio con las colonias Moderna y Los Paraísos a raíz de la construcción del Blvd López Mateos en 1964”.
Ya desde 1945, se podía ver que los alrededores del templo estaban rodeados de casas.
Sin embargo, lo más característico es el templo, que se alza arriba de todas las
casas y callejuelas. Su historia es tan antigua como la fe misma de su gente.
Al respecto, quien fuera cronista de Léon, Arturo Navarro, recuerda en su libro
‘Llegar a ser’:
“El templo del Calvario se sitúa, al igual que el asilo colindante, en el Cerro
de la Mencerería o de la Cruz del Barrio. Es una capilla parte de un templo
mayor que no se concluyó su construcción de la segunda mitad del siglo XIX.
La obra estuvo a cargo del Padre Prudencio Castro. Anexa a la capilla el clérigo
citado levantó una casa de ejercicios la que tampoco terminó por su fallecimiento
en 1885, antes la dejó al cuidado, al igual que la capilla del Calvario al Padre José
María de Yermo y Parres, ahora elevado a la santificación. El Calvario goza de un
bello frontispicio neo-clásico”.
Hoy en día, con la Semana Santa y el viacrucis, el templo se convierte en un
escenario obligado para todo leonés.




