
Este Viernes Santo, las primeras luces del día iluminaron el Arco de la Calzada, donde cientos de feligreses se congregaron para vivir una de las tradiciones más profundas de la Semana Santa: El Viacrucis.
Pero esta no fue una edición cualquiera. Este 2025, enmarcado dentro del Año Jubilar que celebra la Arquidiócesis, marcó la primera vez que el arzobispo Jaime Calderón Calderón encabezó esta representación de la Pasión de Cristo en las calles del centro histórico León.
Puntualmente a las 9:00 de la mañana, el silencio se rompió con los primeros pasos del Nazareno, quien comenzó su camino desde el emblemático arco.
La representación avanzó por la calle Madero, donde se distribuyeron las estaciones que marcaban el recorrido espiritual.
A las 9:35, Jesús cayó por primera vez. Una pausa estremecedora se apoderó del ambiente. Los asistentes guardaron silencio. La segunda caída ocurrió a las 10:25, y la tercera llegó poco después, provocada por el peso imponente de la cruz: Cuatro metros de madera que sumaban 120 kilos.
Este año, el mensaje del Viacrucis resonó aún más hondo con la participación, por primera vez, de 20 madres del colectivo Madres Guerreras, mujeres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidos. Que caminaron junto a la procesión, orando en silencio, llorando en voz baja, aferradas a la fe que las sostiene cada día.
La representación concluyó cerca del mediodía en la esquina del Portal Aldama, donde Jesús fue crucificado. El cuerpo sin vida fue entregado a María en una última escena que hizo temblar a los presentes. Después, fue llevado al sepulcro, ubicado dentro del Templo del Sagrario.
El silencio volvió a caer, pero esta vez no fue de dolor, sino de esperanza. En su mensaje final, el arzobispo Calderón recordó el verdadero sentido de la fe.




