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BILLETERO DE CORAZÓN

Con más de sesenta años de trabajo diario, José Luis Alvarado Galván ennoblece y dignifica el  oficio de vendedor de billetes de lotería con una mística infalible, «el respeto para el cliente y el respeto para mí mismo».

Con este valor humano, todos los días exclama las frases: «Para hoy juega…», «aquí traigo el premio mayor…», «el huerfanito de la suerte…».

Hombre sencillo, padre ejemplar, apreciado amigo, conocido y reconocido entre sus clientes, Luis asume que el trabajo honrado siempre tiene recompensas como el «premio mayor» que la vida le otorgó: su familia.

Su esposa Teresa y nietos lo acompañaron a la entrevista que concedió a El Heraldo para contar su historia de vida, para evocar la época de su inicio como «billetero» y para disfrutar un momento de reflexión humana.

Luis es michoacano de nacimiento, pero leonés de toda la vida.

Allá por los años sesenta tuvo la primera experiencia de vender un billete de la lotería nacional, entonces -rememora- León era una ciudad chica, la vida económica y social se desarrollaba en el centro de la ciudad.

A sus nueve años (actualmente tiene de edad 69), Luis recorría las calles del centro para vender chicles. Un día, el señor Socorro, bolero y conocido vendedor de billetes de lotería frente al Hotel México (hoy Casa de la Cultura),  le dio unos cachitos para vender.

En ese momento encontró la vocación y el oficio que lo acompañaría toda su vida… seis décadas, como vendedor de lotería.

Su orgullo es tener clientes que lo buscan y lo llaman por su nombre.

«Para mí es básico el respeto para mis clientes, no aburrirlos, no insistir si no quieren comprar un billete, saber mantener el trato cordial (…), es respeto también conmigo mismo», dice con serena voz.

Y, a la pregunta obligada: «¿Ha vendido usted el premio mayor?», Luis levanta la mirada y con orgullo dice que ha vendido doce «gordos» que cayeron en León.

Hay algunos clientes agradecidos que regresan a él para darle una simbólica «propina» como agradecimiento por haber traído la buena suerte.

Prefiere resaltar su ejemplo de trabajo diario, sin tregua, de lunes a lunes, la mejor herencia para su familia.

Llueva, truene o relampaguee (como él mismo lo explica), todos los días sale de su casa de la colonia Bellavista en busca de sus habituales clientes, o bien, muchos ocasionales.

En estos años de trabajo incesante, los mejores restaurantes de León le abren las puertas, Luis siempre es bienvenido porque es conocido por los dueños, e incluso a muchos los conoció desde su niñez.

Y sus clientes, que lo valoran y lo tratan con aprecio.

Rememora que cuando ha tenido oportunidad de viajar a otras ciudades, como San Juan de Los Lagos o Guadalajara, de pronto escucha la coloquial frase: «Hasta acá me vienes a cobrar», que le dice alguno de sus clientes en son de broma.

Luego reflexiona sobre la época actual. Desde su óptica, la Lotería Nacional no han decaído, a pesar de muchos otros sorteos alternos. Sí, lo acepta, en esta temporada de pandemia las ventas han bajado, pero el entusiasmo nunca declina, porque la posibilidad de pegarle al gordo siempre está latente.

Ha sido ejemplo de trabajo para sus hijos, tan es así que dos de ellos también se dedican a este noble oficio. Su esposa Teresa también ha sido un baluarte para él.

Luis es afortunado porque la vida le obsequió ese anhelado premio mayor: una familia ejemplar.

 

 

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