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Aves de rapiña

Hay un popular refrán que dice: “La ocasión hace al ladrón” y significa, de acuerdo con el Centro Virtual Cervantes: “[…] con frecuencia se cometen malas acciones que no se habían pensado, pero se hacen por presentarse la oportunidad de llevarlas a cabo”. Por desgracia, esta máxima se aplica a la actual situación que vive el estado de Guerrero y, concretamente, Acapulco, donde después del huracán Otis, surgieron las labores de auxilio y apoyo más loables y nobles; pero, en su contraparte, también las más ruines y reprobables, como los casos de rapiña y saqueos.

Por desgracia no es la primera vez en la historia que, durante una tragedia, ocurren casos semejantes y con toda seguridad, no será la única. Estos son algunos casos que se tienen registrados, con el objetivo de tener memoria de un crimen que se desarrolla en plena crisis.

Los casos de pillaje en medio de tragedias, sobra señalar, ocurren en todos los rincones del mundo y a lo largo de la historia de la humanidad. Basta con recordar el saqueo a Roma por los vándalos (referente al pueblo germano) en el año 445 o las obras de arte que los nazis usurparon durante la Segunda Guerra Mundial.
En el siglo XXI, se pueden citar (además del Otis) dos casos de huracanes con latrocinios: el Katrina y el Matthew.

La ciudad de Nueva Orleans, famosa por ser la cuna del jazz, fue una de las más afectadas por el Kartina, que en septiembre del 2005, tras el paso del huracán, abundaron enfermedades, los damnificados y por supuesto, los saqueadores. Aunque es un hecho que hubo tiendas que fueron vaciadas, muchos de los informes se exageraron, pues no se trataba de ladrones sino de damnificados buscando alimento, agua y techo, cosa que ocurre en todo el mundo, en todo desastre.
Haití tampoco se vio exenta, pues durante el huracán Matthew en 2016 hubo casos muy sonados, como los camiones con ayuda humanitaria que fueron saqueados en Le Cayes un 17 de octubre, por lo que tuvo que intervenir no solo la policía haitiana, sino fuerzas de paz de las Naciones Unidas, usando gases lacrimógenos.

«Todo ataque contra un convoy humanitario es un ataque contra los que sufren, contra los más necesitados», declaró en ese entonces el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

SAQUEOS CIMBRADOS
Todos conocemos las historias de entrega y filantropía tras el terrible terremoto que azotó la Ciudad de México en 1985, pero hay que decirlo: también hubo casos de rapiña y saqueos tras el movimiento telúrico y sus réplicas. Esas y otras anécdotas están recogidas en el excelente libro de crónicas ‘Ciudad quebrada’ de Humberto Musacchio, disponible para descarga gratuita gracias al proyecto ‘Brigada para leer en libertad’.

En el texto antes citado, Musacchio evoca: “[…] ante los males directamente causados por el movimiento telúrico, se unían otros. Sobre una urbe nerviosa se extendían rumores de pillaje en las zonas afectadas, principalmente referidos a uniformados de verde y azul. Se hablaba de que un autobús de la Ruta 100 recorría las colonias Condesa, Roma y el área al sur del viaducto cometiendo asaltos y toda clase de tropelías. Los vecinos denunciarían también que, en la noche, individuos corpulentos, presumiblemente policías judiciales, quienes bajaron de un auto sin placas y atracaron un hotel en Isabel la Católica y Victoriano Salado Álvarez en la colonia Obrera”.

Por suerte, no todo fue vileza. El libro también recoge anécdotas de rescatistas de todo el mundo que viajaron a México para ayudar (sobre todo de Francia) y en el terreno nacional: “[…] los integrantes del Grupo Topos, llegados de Pachuca y Real del Monte”.
Así como están los casos antes citados, también se encuentra la ayuda humanitaria, que va desde las grandes Organizaciones No Gubernamentales hasta aquellos que con el más pequeño donativo generan un inmenso cambio.

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