En los últimos días hemos recibido noticias de incrementos en los casos de covid-19 en diferentes estados de la República Mexicana y en algunos casos con mayor gravedad en incidencia de contagiados y se piensa en un posible rebrote. Esta enfermedad ha hecho presas de sus mortíferos síntomas en todo el mundo, pero hablemos de nuestro país, que por ejemplo en el estado de Chihuahua las autoridades de Gobierno han tomado la decisión de volver al semáforo color rojo; algunos estados como el Estado de México se han mantenido desde hace varios meses en la misma condición, con el color naranja que es un punto más abajo del rojo.
En Guanajuato se tomó la decisión de cambiar el color a amarillo y las autoridades de Gobierno están pensando seriamente en volver al color naranja porque el incremento de casos de contagio y aumento de los enfermos que están en los hospitales para su recuperación así como el número de camas ocupadas. Por el lado de la salud la situación se ha convertido en un problema nacional, inclusive la Ciudad de México está pensando en volver al color anterior.
He descrito algunos casos aislados, pero expreso en mi opinión que no hay una coordinación nacional como existe en otros países, de Europa por ejemplo, donde las condiciones para remediar esta pandemia han unificado criterios para establecer programas más eficientes para detener este gran problema. El vocero de la Secretaría de Salud, López Gatell, quien diariamente da informes, hace buen rato que no da una buena noticia y las soluciones y programas que propone no han dado los resultados deseados.
Se llevan cientos de miles de contagiados y ya vamos a llegar a 100,000 muertos y son las estadísticas oficiales; no obstante existen los que no son detectados en donde no han podido admitir a los enfermos, en el medio rural o en las comunidades indígenas, donde no hay centros de salud confiables y agregando las colonias marginadas de cada ciudad de la República, es posible considerar conservadoramente cerca de un 40% más de casos y de personas fallecidas, de las cuales lamentablemente en México no se lleva un control exacto.
Una esperanza que se viene retrasando mes tras mes son las vacunas y por allí han llegado unas vacunas chinas y se buscan voluntarios para demostrar que la vacuna es eficiente. Otros laboratorios en el mundo están teniendo problemas de retrasos en sus investigaciones; faltan algunos meses para que podamos contar con una vacuna confiable y es imposible determinar cuántos más habrán muerto para cuando llegue. Esperemos que haya un cambio radical y se unifiquen criterios para que en todo el país se establezcan protocolos de salud eficientes, con pruebas que demuestren que estamos por el buen camino y con muchísimos mejores resultados.
Otro problema que es igual de grave es la economía que está en plena decadencia en el país, porque muchas personas han estado confinadas durante meses y no producen el trabajo necesario para reactivar la economía. Hay desempleo, porque no hay ventas y los comercios y servicios de todo tipo, hoteles, restaurantes y turismo están por los suelos. Es temerario emprender un nuevo negocio porque no hay dinero para poder comprar lo que ahí se oferta. México está sufriendo en serio una pandemia económica peligrosa.
Si a esto aumentamos que todos los mexicanos somos responsables de no utilizar correctamente los cubrebocas, lavarnos continuamente las manos, utilizar gel antibacterial, establecer la sana distancia y por último, el egoísmo y la falta de conciencia de quienes organizan fiestas en las que hay cientos de invitados y eso significa más contagio.
Hay que tomar medidas drásticas por parte del Gobierno para obligar, multar y reglamentar vigorosas medidas para que se eviten esos excesos de numerosas personas que no utilizan ni cubrebocas ni en los lugares abiertos ni en los lugares cerrados y también las otras medidas anteriormente citadas.
Si así seguimos, va a ser muy difícil que se logre dominar a esta enfermedad, solamente lograremos que haya más muertos.




