
Como cada domingo previo a Semana Santa, los fieles católicos presenciaron el Domingo de Ramos de forma intensa y fiel, entre la eucaristía y la devoción que antecede a la también llamada ‘Semana Mayor’.
En todos los templos de la ciudad, pero particularmente en la catedral de León, todo mundo entró para escuchar la misa, recordando el momento en que, según la tradición católica, el Nazareno arriba a Jerusalén y es venerado por la gente mientras agitan sus palmas.
Como es habitual, en la calle Josefa Ortiz, a un lado del Mercado Aldama, y afuera de los templos, los vendedores de palmas ofrecen sus productos. Hay quienes las tienen desde el año pasado, pero también, quienes las compran, es un deseo de ayudar a los comerciantes y de fortalecer su fe.
Adriana Murillo se dedica a vender estas palmas. Ella tiene 23 años y aprendió a tejerlas gracias a su madre y sus abuelas. Las más grandes cuestan 150 pesos, mientras que las más pequeñas, 25 pesos. Se trata de un producto típico de la Semana Santa: una mezcla de artesanía y fe tejida completamente a mano con trigo. Mientras ofrece su producto a la clientela, explica:
“Mi familia me fue enseñando a tejer las palmas poco a poco. Nosotros empezamos a trabajarlas desde enero, y luego les agregamos las imágenes de santos o la fotografía de Cristo. Así nos va quedando, paso a pasito, con las hojas secas”.
En la Catedral de León, el arzobispo, Jaime Calderón, realizó la tradicional bendición con agua bendita.
Por su parte, Rogelio Guerra, hombre jubilado de 70 años, es otro de los muchos leoneses que vive con pasión el día previo a la Semana Santa. Después de escuchar misa, explica que la Semana Santa como solía ser “en sus tiempos” ya es prácticamente un difuso recuerdo. “Ya no son los días de guardar que eran antes”, dice, con un dejo de nostalgia.
El Domingo de Ramos es un evento que se menciona en los Cuatro Evangelios Canónicos, y se ubica como el sexto de cuaresma.




