No bastó un temblor. El del pasado 7 de septiembre. Aquel que cobrara más víctimas en Oaxaca y Chiapas. Y aun cuando se esperaban una o varias réplicas, la más impactante, sucedió 12 días después, el 19 de septiembre. Tal como hace 32 años, los habitantes de la ciudad de México volvieron a experimentar temor, desesperación, tristeza y mucho dolor. Los aficionados a la numerología, creyeron que la terrible coincidencia era una clara señal para nuestra nación. La prensa nacional y extranjera dio cobertura a uno de los fenómenos naturales más devastadores que ha ocurrido en nuestro territorio, en los últimos tiempos.
No sólo las autoridades intentaron reaccionar de la mejor forma posible ante las necesidades que surgían al momento, la sociedad civil buscó diversas maneras de recabar víveres, ropa o diversos materiales para que aquellos que se habían quedado sin casa y sin pertenencias, pudieran sentirse más protegidos. Todos estuvimos al pendiente de lo que nos informaban los noticieros, los diarios o las redes sociales. Qué decir de la cobertura que se dio a los rescates en el “Colegio Rébsamen”. Los “memes” que surgieron, se enfocaron en el presidente Peña o en las “celebridades” que hacían alarde de su generosidad. Fundaciones, organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil en general, han destacado por su proactividad.
Jóvenes de toda la república acudieron a apoyar a rescatistas, a los elementos de Protección Civil y a los miembros de las Fuerzas Armadas de México. Si bien el gobierno ha “cumplido”, también ha dejado a deber. Aún no se nos explica abiertamente cómo se ha ejercido el Fondo para Desastres Naturales y los partidos políticos se negaron rotundamente a destinar sus recursos a esta causa. La ayuda sigue llegando pero se ha olvidado a los estados afectados de Oaxaca, Chiapas y Morelos, en donde hay también muchas víctimas que se han quedado relegadas. Han circulado videos y rumores por los que se ha ventilado que las despensas que los ciudadanos reunieron a lo largo del país para colaborar con los más necesitados, las ha concentrado el DIF. Por otro lado, de entre los aspectos menos negativos que pudieran comentarse sobre este terrible suceso, es que se aprendió de los hechos pasados. Edificios bien cimentados no sufrieron más que daños menores y de fácil reparación. Sin embargo, habrá que ser sumamente cuidadosos al re edificar las construcciones que se derrumbaron. Se ha propuesto el uso de materiales novedosos y económicos e incluso se está fomentando la “auto construcción” lo que quizás no sea lo óptimo en cuestiones de prevención.
En materia de reparación del daño y jurídicamente ante hechos de la naturaleza, surgen cientos de cuestionamientos que quizás y desafortunadamente, no tendrán solución. Aquellos que se encontraban pagando un crédito hipotecario, quedarán relevados de la deuda, si su contrato preveía la cobertura del mismo, por una aseguradora. ¿Qué harán aquellos que ya eran propietarios y no contaban con una póliza de seguro? O el propietario de un departamento que se encontraba en un régimen de propiedad en condominio, ¿cómo recuperará y reclamará la parte alícuota sobre el mismo? Un sinfín de cuestionamientos surgirán en esta época en la que la resignación, el duelo y la pérdida, son los sentimientos más recurrentes. Sin embargo, eventualmente habrá que darle la vuelta a la página y seguir con las historias inconclusas y los proyectos por venir. Arriba y adelante.
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