jueves, agosto 27, 2026
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A nadie le interesa conservar su memoria

Mientras el progreso avanza sobre la carretera a Santa Ana del Conde, los vestigios de la Estación Trinidad se desmoronan bajo el grafiti y la maleza. Este enclave, que en 1915 vio pasar a figuras clave como Álvaro Obregón y Francisco Villa, hoy está olvidada.

Así, el patrimonio ferroviario se queda en el olvido.

Ubicada en la carretera a Santa Ana del Conde, muy cerca de la Academia Renacimiento y Trinitate Philharmonia, la Estación Trinidad es un recuerdo de tiempos del Porfiriato y la Revolución.

Aunque hoy en día luce grafiteada, repleta de maleza y decadente, en su momento fue el escenario donde pasaron Álvaro Obregón y Francisco Villa en 1915.

Hoy, solo luce como un inmueble desmoronándose. Se pueden ver las vías del ferrocarril, las taquillas… y nada más. A lo lejos, se percibe la carretera rumbo a León, el paso del progreso venciendo al pasado que cada vez se olvida más y más.

Sobre esta estación y la ubicada en San Miguel, así como la inmensa preocupación de rescatarlas, habla José Luis García-Galiano, historiador, académico y promotor cultural.

Actualmente forma parte de la corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana y siempre ha estado preocupado por la atención en el patrimonio y la protección de la memoria.

Sobre este tema, se encargó de hacer un diagnóstico cultural de 2002 a 2005 en el municipio de León, para detectar algunos bienes intangibles, y participó en las gestiones para la excárcel municipal, lo que hoy en día es el Museo de las Identidades Leonesas.

Sobre las estaciones en decadencia, apunta que hay casos de estaciones que sí se rescatan y en las que no, como ocurre con la de Aguascalientes.

“En León, el tema de los trenes no ha sido tan importante como lo fue en Aguascalientes y en Irapuato, por ejemplo, que tienen museos, que tienen glorietas, que tienen monumentos”, señala.

Aquí, en las estaciones, hay varios problemas que García-Galiano evoca: primero porque era un predio federal y después, cuando se expropió, porque pertenecía a las empresas trasnacionales.

Fue algo difícil de negociar y difícil de proteger, y tampoco les interesaba a los que lo tenían en su custodia. Así, con el paso de los años fueron cayendo en decadencia Trinidad y San Miguel.

Incluso, García-Galiano recuerda que cuando el escritor de novelas de misterio e historiador Pacto Ignacio Taibo II visitó León y habló con él, se tuvo la idea de hacer un museo de la Revolución. Pero no se ha concretado lo necesario.

“Para Taibo fue una sorpresa ver que estaba deteriorada, pero tenía la estructura completa y sólida y no requería una restauración costosa”.

Con respecto a qué se puede hacer, José Luis señala que, primero que nada, se tiene que trabajar con el respaldo de personas que estén documentadas, informadas y preocupadas por el rescate y por otro, hacer un proyecto educativo antes que sea de restauración, pues de esa forma se puede enseñar y educar a la gente, así como a las nuevas generaciones, de la importancia que tienen las estaciones.

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