domingo, agosto 30, 2026
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Cien años del fin de la Primera Guerra Mundial

“Liendres, ratas, alambradas, moscas, chinches, gemidos, cavernas subterráneas, cadáveres, sangre, suciedad, ratones, gatos, artillería, cartuchos, rifles, morteros, fuego, acero. Eso es la guerra. Todo es producto del demonio”. 

                             OTTO DIX (Soldado de las tropas de Alemania en la Primera Guerra Mundial)

Hace cien años estaba a punto de finalizar la Primera Guerra Mundial, un conflicto bélico de dimensiones tales que pasó a ser en aquel momento el más sangriento del que se tuviera memoria. Las terribles vivencias de esa lucha no fueron lo suficientemente fuertes como para impedir que años después se desatara la Segunda Guerra Mundial, la mayor en la historia de la humanidad.

La llamada Gran Guerra, posteriormente rebautizada como Primera Guerra Mundial, dio inicio teniendo como causa el asesinato del archiduque Francisco Fernando, quien era el príncipe heredero del imperio austro-húngaro. Francisco Fernando cayó abatido ante las balas disparadas por un nacionalista serbio de nombre Gavrilo Princip. Ante la muerte del heredero, acaecida en la ciudad de Sarajevo, el 28 de junio de 1914, Austria-Hungría hizo responsable a Serbia, declarándole la guerra con fecha del 28 de julio del mismo año. Los combates se extenderían hasta llegar a 1918, cuando finalizaron mediante un armisticio rubricado el 11 de noviembre.

Las alianzas que las naciones europeas forjaran con antelación se prepararon para iniciar la contienda. Por los “Aliados” o “Triple Entente” sobresalían Gran Bretaña, Francia y Rusia, los que se enfrentaron con las “Potencias Centrales”, entre las que destacaban Alemania y Austria-Hungría. Conforme transcurrió el conflicto más países se vieron involucrados en él, integrándose a favor de uno u otro grupo. Así, Japón y Estados Unidos de América se incorporaron a los Aliados, en tanto el Imperio Otomano lo haría con las Potencias Centrales. Cada nación estaba guiada por sus propias pretensiones imperialistas, tratando de ganar más territorio o adueñándose de las colonias de sus vecinos, entre otras cosas. Esta guerra tuvo la participación total de 31 Estados. Rusia se retiró a causa de los graves problemas internos que vivía con su revolución, la que le llevaría a adoptar el sistema socialista bajo el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

El presidente de los Estados Unidos de América, Woodrow Wilson, planteó una propuesta para que se pudiera llegar a una paz entre los países beligerantes. Los “Catorce Puntos”, como fue llamada, se expuso el 8 de enero de 1918. Concluida la pelea, en la que resultaron triunfadores los Aliados, se efectuó la firma del Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919, en él se buscó imponer un castigo ejemplar a Alemania, pues se le señaló como causante principal de la guerra. Los vencedores acordaron apoderarse de las colonias alemanas, misma suerte corrió parte de su territorio. Entre algunas de las sanciones que sufrió el país teutón está el hecho de verse forzado a limitar su producción armamentista, además de pagar indemnización a aquellos que lo habían derrotado.

La pugna tuvo diferentes consecuencias, entre ellas, que el continente europeo volvió a modificarse en sus fronteras internas, dando origen a países que nacieron en las tierras de las naciones vencidas. Algunos de ellos lograron consolidarse en el trascurso del tiempo, por el contrario, otros pasarían por constantes fricciones que los llevarían a presentar, en diferentes momentos, graves problemas que concluirían en posteriores fragmentaciones, surgiendo a su vez nuevos Estados soberanos. Austria y Hungría fueron separadas, conformándose como naciones independientes. El Imperio Otomano tuvo que soportar serias pérdidas en el territorio que entonces tenía.

Al final de la lucha se contabilizaron alrededor de diez millones de bajas, sólo entre soldados, aunque es muy probable que hayan sido muchos más los caídos. Resulta en extremo complicado saber el número de víctimas civiles. La destrucción material también alcanzó grandes proporciones, efecto del armamento utilizado, mucho del cual no se había visto nunca antes. La innovación en las armas trajo aparejado un daño inusitado hasta ese momento. En las batallas se emplearon aviones, tanques, submarinos, gases venenosos, entre otras nuevas armas. Se le llamó “Guerra de Trincheras”, por las construidas para impedir los avances del enemigo. Un efecto más de la conflagración lo constituyó la fundación de la Liga de las Naciones, creada con la intención de buscar salidas pacíficas a diferentes confrontaciones y que tuvo como fin el fracaso en su objetivo por conservar la paz.

La Gran Guerra dejó una triste herencia, creó nuevos rencores y acrecentó otros ya añejos. Los problemas surgidos a raíz de las hostilidades nunca se resolvieron, por lo que las circunstancias se fueron haciendo propicias para que en el año de 1939 estallara la mayor lucha armada de la historia: La Segunda Guerra Mundial.

En el centenario del término de la Primera Guerra Mundial, es importante recordar y reflexionar sobre el mal que puede llegar a causar el ser humano cuando es incapaz de privilegiar al diálogo y la razón.


GERARDO PIEDRA

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