Actualmente, el tema de la migración hondureña está en boca de todos los mexicanos. Para algunos, son personas que requieren todo el apoyo de la nación. Para otros, no son bien recibidos porque han entrado a México de forma ilegal. Lo que es un hecho es que en León vienen transitando desde hace años.
Es común ver hondureños y centroamericanos en todo el Estado, pero uno de sus lugares de reunión más habituales es la vía del ferrocarril que marca los límites entre la colonia Río Escondido a Santa Rosa, por la avenida Juárez. Allí es común verlos pedir dinero, mientras camiones, tractores, motocicletas, coches y otros vehículos motorizados siguen su curso. “Oye, tío, anda, una ayuda” suplican, al momento que extienden la mano a los carros que llevan la ventanilla abajo.
La mayoría de los centroamericanos están de paso… o al menos, así quisieran que fuera. Llegan a Guanajuato por Celaya, y comienzan a buscar la forma de sobrevivir, solicitando algún trabajo como obreros o bien pidiendo limosna.
Maribel Martíez es oriunda de Puerto Cortés. Hace dos meses abandonó su tierra natal para buscar una mejor oportunidad de vida. Llegó a México en el descomunal tren conocido como “La Bestia”. Se rodea de otras compatriotas suyas, una de ellas con un bebé de brazos. Sabe que su vida no es nada sencilla:
“La mayoría de la gente en los coches nos insulta, y nos dice que nos larguemos a nuestro país. Nos dicen que nos pongamos a trabajar, y nos avientan el coche. Así ha sido siempre para nosotros, incluso antes de que se hablara de la dichosa caravana”.
Maribel se sienta en unas piedras, mientras espera a que el flujo vehicular se tranquilice, para así pedir dinero y seguir su camino rumbo al “American way of life”.
CARLOS GARCÍA Y LUIS SOTO
Carlos tiene 18 años. Es originario de la Ceiba, la quinta ciudad más grande de Honduras. Su superficie es de 639,45 km². Muchos de sus habitantes enfrentan la pobreza, como sucede en muchas localidades de Centroamérica.
Carlos ha dedicado gran parte de su adolescencia a la inmigración. Hace un mes llegó a Guanajuato, donde espera quedarse el tiempo que sea necesario. “Aquí no hay trabajo, y tampoco en Honduras. Eso es en todos lados. Yo no me iré con la caravana migrante, siempre me he movido solo”, apunta.
Luis Soto, también originario de Puerto Cortés, afirma que no todos los hondureños son víctimas, ni todos los mexicanos victimarios, ni viceversa. “Hay unos hondureños que también se pasan de lanza. Aquí en el mundo hay de todo. También están los mexicanos que no nos pueden ni ver, pero también los que nos ofrecen albergues. Lo único que puedo decir es que la vida no es fácil para ninguno de los dos países”.
Es la segunda vez que Luis se queda en León. La primera vez intentó llegar a Estados Unidos, pero fue regresado en cuanto llegó al muro. Aseguró que lo volverá a intentar cuantas veces sea necesario, por una razón muy simple:
“Para nosotros en Honduras ya no hay nada”, concluye.




