Cada 22 de agosto se celebra en México el Día del Bombero, aquellos héroes anónimos cuyo lema es “Ellos no te conocen, pero darían la vida por ti”. Cada uno de ellos tiene su propia historia, más allá de su entrenamiento y las llamas que día a día combaten. La única mujer entre los 340 elementos de León es Mónica Elizabeth Hernández.
Mónica tiene 29 años de edad y es la única mujer en un trabajo en el que habitualmente laboran hombres. Hay otras dos damas en el medio, pero son paramédicos. Mónica es madre de un hijo de 9 años y mamá soltera. Vive rumbo al Tajo de Santa Ana, a las afueras de León. Todos los días se levanta temprano o se acuesta tarde, con tal de llegar a tiempo a la estación, estando al pendiente de cualquier emergencia.
Mónica demuestra que no es el “sexo débil”: todo su equipo pesa 20 kilos, que debe de ponerse en 45 segundos. En ningún momento se le brinda un trato especial por ser mujer, ni se le convierte en alguien más delicada o diferente.
“Todos nosotros somos elementos del cuerpo de bomberos, no somos diferentes”, advierte, y después continúa con su relato:
“Mi curiosidad por ser bombero empezó desde que era niña, pues tengo varios familiares, como mi papá. Cuando vi el reconocimiento y el prestigio que se les da a los bomberos, quise pertenecer al cuerpo. En cuanto salió la convocatoria metí mi solicitud y quedé entre los seleccionados. Después, vinieron todas las pruebas. Academia y práctias. Me hicieron antidopping y pruebas físicas. Después estuve 3 meses preparándome. Actualmente llevo cinco años en esta labor”.
MEDIA DÉCADA
A lo largo de media década, Mónica ha vivido todo tipo de experiencias, desde las más hermosas hasta las más aterradoras. Entre las primeras siempre se encuentran cuando los niños llegan a la estación, a visitarla durante una excursión escolar. Su emoción siempre la llena de entusiasmo.
Le ha tocado incendios verdaderamente intensos. Uno de los más terribles fue en una fábrica de químicos en la colonia Killian, rodeada de cientos de barriles, la mayoría con líquidos flamables. Como si la situación no fuera de por sí extrema, se les acabó el agua a los bomberos. Hubo varias explosiones, pero por suerte todos los bomberos salieron triunfantes tras contener el fuego durante varias horas.
“El miedo siempre va a existir, y más en una situación como un incendio. Por eso aquí se nos capacita a que ese temor se canalice para ayudar a la gente y seguir al pie de la letra nuestro lema: no conocemos a los ciudadanos, pero daríamos la vida por ellos” concluye.




