Nelson Mandela
El racismo siempre ha estado presente entre la población de los Estados Unidos de América; sin embargo, desde que Donald Trump inició su campaña de odio hacia los mexicanos, cada vez son más frecuentes las agresiones hacia éstos en aquel país.
Contrario a lo que se podría pensar, no sólo ciudadanos blancos maltratan sin razón aparente a nuestros connacionales, igualmente lo hacen afroamericanos, e increíblemente, en no pocas ocasiones, los hijos de mexicanos nacidos allá también se ensañan con ellos, sin reflexionar aunque sea un poco en que sus propios padres llegaron de manera ilegal a la nación de las barras y las estrellas.
Por muchas penurias han pasado los afroamericanos para evitar ser víctimas de la discriminación racial, pero al parecer ellos mismos, esperemos que sean excepciones, la aplican con otros. Quizá hayan olvidado su historia.
Un suceso que pudo ser cotidiano el 1 de diciembre de 1955 en la ciudad de Montgomery, Alabama, en la unión americana, fue el inicio de todo un movimiento por el reconocimiento de los derechos civiles de la población de color, la que apenas un siglo antes, en el XIX, seguían siendo vendidos y explotados como esclavos en una nación que se jactaba de impulsar la igualdad y la libertad.
En una época en que había sitios exclusivos para blancos, en donde a los negros se les tenía prohibida la entrada o debían permanecer separados, Rosa Parks abordó un camión de transporte público, la sección de blancos estaba en la parte delantera de la unidad, la de los afroamericanos en la parte trasera, siendo parte de estos últimos, Parks ocupó un lugar en la parte central.
En un momento dado, el autobús se vio ocupado en todos sus asientos, fue entonces que un hombre blanco lo abordó y el chofer no tuvo reparo en pedirle a Parks que se pusiera de pie para que el nuevo pasajero se sentara. Parks hizo caso omiso y el conductor llamó a unos policías para que la detuvieran, lo que efectivamente sucedió. Al otro día terminó su arresto, desembolsando, además, catorce dólares de multa para subsanar el cargo que se le había formulado: perturbación del orden público.
Ante lo sucedido, un reverendo de la Iglesia Bautista encabezó diversas acciones para protestar por la discriminación de que eran objeto las personas de color en el transporte público de Montgomery, esta lucha se extendió por todo el país, exigiendo que la segregación racial cesara en todo los órdenes. Ese pastor, que inició su brega casi en el anonimato, no fue otro que Martin Luther King, hombre que hoy se encuentra en las páginas de la historia universal.
Gracias a ese movimiento, los afroamericanos avanzaron enormemente en sus derechos civiles, pero ahora no faltan los que discriminan a la población mexicana, ya también se sienten superiores, como hace años se sentían los blancos, y por eso segregaban a la población negra. Uno de los hechos más notorios ocurrió hace unas semanas, cuando una mujer de color golpeó arteramente con un ladrillo a un mexicano de 92 años, otros individuos se sumaron a la golpiza mientras le gritaban que se regresara a su país. ¿Qué pensarían Rosa Parks y Martin Luther King de la actitud de esta señora, si vivieran?
Desde luego que de ninguna manera se debe generalizar, no toda la gente es así, pero los casos de discriminación contra latinoamericanos van en aumento al norte del río Bravo, constantemente nos topamos en la televisión o en redes sociales con videos que muestran lo que está pasando.
El discurso de animadversión de Donald Trump hacia todo lo mexicano ha surtido efecto entre muchos de sus conciudadanos, sin importar si son blancos, afroamericanos e incluso de ascendencia latinoamericana. Pareciera que se olvidan las palabras que pronunciara Martin Luther King en la ciudad de Washington, al pelear por la igualdad, el 28 de agosto de 1963: “… a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño… Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.




