viernes, septiembre 4, 2026
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Vio una luz que le salvó la vida

En la colonia Acapulquito, algunas personas duermen sobre colchones mojados, otras caminan descalzas, y algunas más llevan puesta la misma ropa que cuando ocurrió la inundación por el desborde del arroyo y las lluvias; la ayuda no ha llegado.

La noche y madrugada del pasado martes y miércoles, un torrencial azotó Silao.

El agua del cerro del Cubilete bajó con tal intensidad que dejó cientos de damnificados en colonias como Acapulquito, Guadalupe, Reforma, El Mirito, Pinabetes y La Curva.

VIO LA “LUZ”

Gabriela se dedica al hogar, pero para mejorar sus ingresos económicos, ocasionalmente apoya a las personas a lavar trastes a cambio de unas monedas.

Esa noche se fue a dormir y no imaginó que una luz proveniente de la carretera la despertaría y daría un giro a su vida.

Habitantes de las inmediaciones de la Carretera Federal 45, alumbraron directo con sus lámparas a la casa de Gabriela.

Gritaban que se había “reventado” el arroyo y que saliera de la vivienda, lo que para ella fue la luz que le salvó la vida.

Con su esposo, su nieto y sus dos hijos, vive en un pequeño cuarto de ladrillo y cemento. Su cocina era un fogón en el patio, pero fue arrasado por la corriente.

A unos metros tiene un techado de teja de cartón en la que hay apenas una cama y un ropero.

Uno de sus hijos tiene 18 años y discapacidad intelectual, “El Chato”, a quien brinda la mayor parte de su tiempo.

“Doy gracias a Dios porque está bien, estando bien él estoy bien yo, aunque haya perdido lo que haya perdido, no me interesa”.

Días antes el jovencito había llegado tarde porque, ante los pronósticos de la tragedia, había ayudado a otro vecino a subir los muebles a un segundo piso.

SE LLEVÓ TODO

De no darse cuenta a tiempo de la inundación, habrían perdido vidas humanas. “Qué vamos a hacer, Dios mío, si se ahoga un niño ahí”, pensaban.

El agua fluía por todos lados, cual mar de Acapulco; llevaba desde serpientes y ratas, hasta ropa y calzado.

Fueron horas de desesperación en las que los habitantes, sin poder hacer algo, veían cómo iban desapareciendo sus pertenencias.

En casi todas las casas los aljibes están llenos de agua sucia; Protección Civil del Estado ha apoyado con el vaciado, pero deberán ser saneados.

No tienen agua potable para su consumo personal, mucho menos para asear los estragos de la inundación, por lo que lavan el lodo con el agua que quedó estancada.

Comen lo poco, pero bien valorado, que les han llevado algunos candidatos a la alcaldía, como Carlos García y Rogelio Santoyo.

Se sienten tristes porque “cuando está seco, dicen, ya corre uno a traer leñita y hace uno de almorzar, pero ahora está mojado”.

Como más vecinos, su esposo no ha mudado de ropa, perdieron su calzado y sus artículos de higiene personal, como el jabón.

Las condiciones en que sobreviven, ha impedido que los adultos vayan al trabajo y muchos niños se ausenten de clases.

Fueron llevados a un albergue en el Polideportivo Silao, pero ante el frío que les causaba la ropa mojada, la falta de alimento y el ruido, les era imposible descansar.

Lo que más necesitan es ropa, zapatos, agua para beber, medicamentos, pañales, escobas y cloro para desinfectar.

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