martes, agosto 25, 2026
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Vive el verdadero amor por el futbol

La afición futbolera lleva a los seguidores por caminos diferentes. Algunos, como Carlos Márquez, se han convertido no sólo en hinchas, sino además en escritores y creadores de museos. Esta es la historia de este leonés, panzaverde y futbolero de corazón.

Carlos es autor del libro “Historias del club León” y actualmente abrió el museo “Gloriosos Mundiales”, ubicado en la calle Madero 603. En el lugar, que tiene un costo de 20 pesos el acceso y 50 la visita guiada, muestra playeras de diferentes mundiales, así como boletos de acceso a los partidos en cuestión. Abarca desde los años treinta, cuando estos comenzaron, al último, celebrado en Brasil.

Habla no sólo sobre su museo, sino sobre la pasión del balompié.

“En León el futbol se vive con mucha más pasión que otras partes del país. Durante dos horas, sentimos que el mundo mejora, dejamos toda nuestra pasión en un partido, sobre todo cuando juega nuestra selección”, dice.

“Sobre todo en León, el futbol es un sentido de identidad y pertenencia. No se puede separar la Historia del equipo de la de la ciudad, somos muy futboleros, lo vemos en la cantidad de negocios que tienen el escudo, y el color verde que está en todos lados. Es identidad, historia y pasión que se viven día a día”.

La pasión de Márquez empezó leyendo sobre futbol, desde muy pequeño. Encontró libros de su abuelo y comenzó a interesarse por la importancia del deporte, captando que se trataba de mucho más que una mera competencia, sino más bien, de un estilo de vida.

GLORIOSOS MUNDIALES

Actualmente, los ciudadanos pueden disfrutar de su museo. “Gloriosos Mundiales” tiene un total de 30 playeras, y tres itinerantes.

Carlos tiene cientos de anécdotas futboleras qué contar, y relata una en particular, ocurrida durante el mundial de México 70. Fue cuando jugó Inglaterra en el Nou Camp, perdiendo contra Alemania. Resulta que los hooligans se pusieron furiosos y decidieron ir a causar destrozos por la ciudad. Para su desgracia, se metieron al Coecillo, pues quedaba cerca del estadio. La gente del barrio bravo los puso en su lugar a golpes.

“Los dejaron casi casi llorando en el López Mateos”, recuerda Carlos.

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