domingo, agosto 30, 2026
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EL TREN DEL PRI  YA  SE  VA

Las grandes transformaciones políticas no son motivadas por la casualidad. En estos momentos, las bases para el cambio están  puestas después de la hegemonía política que conocimos como  presidencialismo en México, y  se me vienen a la memoria políticos como Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Cedillo y, probablemente el último presidente, Enrique Peña Nieto. La historia les tiene reservada la evaluación que los mexicanos harán de ellos y entrar a su estudio sería infinitum, pero lo cierto es que existen más desaciertos que aciertos en el tiempo que sólo había un partido que gobernaba México. Podríamos entrar a muchos vericuetos por su forma de gobernar, pero lo cierto es que lo que tienen en común, es que fueron postulados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

 Sin embargo, lo que sí puedo afirmar es que el PRI ya se va, se tiene que ir, como lo pregona un candidato a la Presidencia de la República, y se tiene que ir porque hoy como nunca se presenta  la oportunidad histórica,  ante todos los mexicanos, de que sin disparar  una sola bala, con sólo el empoderamiento de todos los ciudadanos y con  el poder de su voto, al momento que se cruce la boleta electoral serán parte de un nuevo rumbo y entrarán  triunfantes y gloriosos a la historia, por ser la generación que fue capaz,  la que se atrevió a vencer el miedo,  a la que no le tembló la mano y que les llenó de gozo el deber cumplido que la historia nos reclama, porque al momento de sufragar  el  voto, habrán de redimir por la cobardía de no haber sido capaces de hacerlo antes.

Además porque es el partido que por lustros traicionó al pueblo de México,  porque es un hecho público que de sus filas salieron los políticos que apenas  se encumbraban en el poder cuando ya estaban preparándose para salir, dejando una estela de gente enriquecida y al pueblo, como siempre, le daban atole con el dedo porque sus necesidades sólo son importantes en la coyuntura electoral.

La resignación es un producto que, como cualquier droga, duerme a la gente, anestesia su conciencia. La resignación se debe de plantar cara a cara ante la adversidad, urge que despertemos al hombre mexicano dormido, ese que enarbole la lucha por la dignidad, que sea capaz de decir “ya basta”. En Guanajuato, ese grito lo lanzaron hace años y con orgullo podemos decir que tenemos el gobierno que queremos, aunque es de reconocer que no fue fácil, puesto que, se tuvo que enfrentar por años la turbulencia electoral. Los guanajuatenses tuvimos que aprender a defender el derecho a disentir de los antagónicos,  a los gobiernos priistas, que si nos echáramos un vistazo al arcón de la historia, veríamos que vivieron momentos de represión y encarcelamiento de sus militantes y  su único pecado era buscar la mejora de su Estado. Por todo esto, es imperativo pedirles a los candidatos que nos digan los ¿por qué?, los ¿cómo? Y los ¿Cuándo?

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