Debido al reciente triunfo de Guillermo del Toro en los premios óscar que se otorgan en Estados Unidos para lo mejor de su industria cinematográfica y a la presentación de Eugenio Derbez, Eiza González, Gael García Bernal y Natalia Lafourcade, en la ceremonia de los premios antes mencionados, fui testigo de una avalancha de comentarios en redes sociales que me pusieron a reflexionar al respecto. Muchos de esos comentarios eran meras opiniones muy válidas como la que todos podemos expresar, sin embargo, otros sí incluían insultos o referencias a que quienes estaban ahí no “merecían” estarlo. Por ejemplo, muchos decían que Del Toro sólo ganó por una situación política y social, y no por méritos propios. Y es cierto que esos eventos se prestan para abanderar causas sociales; sin embargo, lo de Guillermo queda aparte, y nos sorprenderíamos de saber todo lo que alguien tiene que pasar para poder llegar a siquiera estar nominado.
Cientos de películas son creadas en Estados Unidos, y así mismo, cientos de películas nunca verán la luz porque los proyectos no son aprobados, porque no consiguen financiamiento o porque no pueden ser terminadas durante alguno de sus procesos. Del Toro mismo tiene en su haber varios proyectos que no pudo concretar por los constantes “no” a los que se ha enfrentado, por lo tanto, haber desarrollado esa película fue un triunfo en sí mismo. Similar es el caso de Gael, Eiza y Eugenio; que han estado picando piedra en el extranjero dejando de lado la seguridad que su país podía ofrecerles, obviamente nadie los obligó a hacerlo, pero todos tenemos esa debilidad llamada “tener sueños” y sus sueños los impulsaron a dejar un sitio donde “ya eran famosos”, o en el caso de Natalia, sus sueños la han llevado a realizar una constante exploración para renovarse, para crear, para seguir viviendo de lo que ama.
Desde luego parece más fácil decir que no lo merecen a enorgullecerse por lo que nuestros compatriotas hacen en otras partes del mundo para después ponernos a hacer la parte que nos toca por nosotros mismos y por nuestro país. Y así pasa en pequeña escala también porque es más fácil criticar a los colegas del mismo gremio, a quien consigue un aumento o una promoción laboral; es más fácil “no apoyar” a quien desea emprender o a quien crea un evento.
Sin embargo, ¿no sería mejor crear una red de apoyo en la cual se puedan beneficiar todos?
Al respecto, recordé el caso de un chef peruano llamado Gastón Acurio, quien en lugar de competir contra sus colegas dueños de restaurantes decidió trabajar en equipo por un bien común, ya eran sólo competidores que tenían que destruirse entre sí para ganar la atención de los clientes, ahora tenían un frente compartido para lograr que la gastronomía de su país fuera más conocida en el mundo, esto bajo la premisa de: o nos peleamos por migajas o intentamos construir un mundo nuevo que nos beneficie a todos.
Quizá mi idea resulta utópica y hasta imposible, pero al chef Gastón le resultó, y sé que hay muchos gremios que han funcionado mejor haciendo equipo, de verdad que se puede, porque como decía mi abuelo, “el sol brilla para todos”.




