miércoles, septiembre 2, 2026
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ASIGNATURAS PENDIENTES

Tras varios años dedicado a la docencia y muchos más de estudiante he llegado a la conclusión de que si sólo nos quedáramos con lo que nos enseñan en la escuela, creceríamos para ser unos completos inútiles. Claro que la educación tal como está -y tal como fue en mis años mozos- ha servido y bastante a todos aquellos afortunados de recibirla, pero me parece necesario hacer notar que presenta algunos problemas importantes.

En el discurso, uno de los objetivos de la escuela es formar a niños y jóvenes; desarrollar sus habilidades y dotarlos con herramientas para que tengan oportunidad de convertirse en ciudadanos responsables y productivos. Ahora que, si hago memoria de lo que me enseñaban en las clases y lo comparo con lo que tenido que aprender en la “escuela de la vida” me resulta sorprendente que en mi generación haya adultos funcionales.

Claro que aparentamos ser funcionales, pero muchos tenemos una o varias asignaturas pendientes… tal vez no sería así si en la educación básica hubiera enseñado algunas de las siguientes materias:

  • Selección de vegetales y otros comestibles. Hace unos meses me encontré en el supermercado a una antigua compañera de la secundaria. Ella y su novio estaban al borde de las lágrimas, pues necesitaban escoger un melón y no tenían idea cómo. Ni juntando todos nuestros estudios –entre todos calculo tres licenciaturas y una maestría- llegamos a un acuerdo respecto a los criterios para seleccionar melones. Y eso es sólo un ejemplo. A la fecha no sé diferenciar un jitomate saladet de un huaje o un Sinaloa.
  • No basta con saber comprar comida. Es una enorme ventaja saber procesarla. Recuerdo el menú de la tiendita de mi escuela y no me sorprende que, ya siendo adulto, considere que poner salsa a unos chicharrones de bolsita en una sartén y luego envolverlos en tortilla cuenta como cocinar. Vaya, comer es necesario para cosas importantes como… vivir, pero además es un verdadero placer. A menos que tengamos madres y abuelas con la paciencia suficiente para enseñarnos, mi generación ha crecido con la convicción de que hervir fideos y ponerles ingredientes caros encima es alta cocina.
  • Cómo es que en realidad funcionan las tarjetas de crédito. Aún recuerdo la fórmula del binomio cuadrado perfecto, pero no termino de comprender las leyes misteriosas que rigen el CAT, o por qué es más fácil conseguir una tarjeta nueva con el triple de crédito que cancelar la que ya tienes. ¿Conviene pagar un seguro antifraude? ¿El buró de crédito está junto a qué cama?
  • Defensa personal. Supongo que todas esas clases de educación física “dar una vuelta a la pista, caminar por la bardita y cuando acaben juegan futbol” servirán de algo algún día. Sin embargo, a estas alturas de la vida preferiría haber aprendido la situación adecuada y forma correcta de recibir y propinar un buen derechazo.
  • Mantenimiento de un automóvil. Es curioso que sepamos la teoría de cómo funciona el motor de combustión interna, somos capaces de calcular la velocidad de un coche si se nos da la distancia y el tiempo y hasta es probable que hayamos hecho una maqueta de unicel y palitos representando los hidrocarburos, pero la verificación es un proceso mágico en el que nos ganamos una estampa para el parabrisas, y pocos saben revisar el nivel de aceite.
  • Etiqueta vial. Podríamos determinar el área de una circunferencia conociendo su radio y multiplicándolo por pi al cuadrado, pero no sabemos exactamente cómo se usa una glorieta. La parte operativa de usar un coche se le deja a la educación informal, y es por ello que algunos no tienen idea de para qué sirven las direccionales o no comprenden conceptos básicos como “ceda el paso” “preferencia al peatón” “exclusivo ciclistas” “respete su carril” o “rampa para discapacitados prohibido estacionarse aquí en este lugar con su coche, sí le hablo a usted señora que lleva a sus hijos por un elote a la esquina”
  • Vida romántica. Afortunadamente la educación sexual se ha abierto camino en los programas escolares, sin embargo, nadie enseña la forma correcta y efectiva de acercarse al sexo opuesto o al mismo, si es que despierta ese interés cómo ganarse a los suegros o qué hacer cuando te rompen el corazón. Tomando en cuenta la cantidad de energía que le dedicamos a este tema, debería ser tan importante como aprender a leer.

Cualquiera de estas materias puede servir como pretexto para contenidos interesantes y valiosos, pero menos útiles, como las libras por pulgada cuadrada que perdió la llanta que acabamos de cambiar, el arte de resolver raíces cuadradas con decimales por puro gusto mientras se bebe una taza de té, el peso específico de un kilo de jitomate huaje o el análisis sintáctico de la oración yuxtapuesta que usamos para invitar una chica al cine.

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