El Banco de México y el gobierno federal han salido a señalar que el peso mexicano tuvo un “buen” desempeño frente al dólar estadounidense en 2017, ya que la paridad pasó de un promedio de 20.492 pesos por dólar en diciembre de 2016 a 19.149 pesos por billete verde en diciembre de 2017, lo que implica una disminución en el precio del dólar de -6.6 por ciento en el año.
Con datos del Pacific Exchange Rate Service, esta evolución ubica al peso mexicano como la cuarta moneda que más se apreció frente al dólar en el periodo antes señalado (de una canasta de 15 monedas seleccionadas por GAEAP). A continuación se muestra la evolución del dólar frente a éstas monedas (en paréntesis se indica el porcentaje que el dólar bajó o subió frente a cada una): Euro (-10.9%), Won de Corea del Sur (-8.3%), Libra esterlina (-6.8%), Peso Mexicano (-6.6%), Yuan chino (-4.7%), Peso chileno (-4.3%), Dólar canadiense (-4.2%), Dólar australiano (-3.8%), Franco suizo (-3.1%), Yen japonés (-2.6%), Real brasileño (-1.9%), Peso colombiano (-0.4%), Dólar de Hong Kong (0.7%), Dólar de Nueva Zelanda (1.2%) y Peso argentino (11.5%).
Cabe señalar que, desde luego, la “recuperación” del peso en 2017 palidece al tomar en consideración que entre mayo de 2014 y diciembre de 2017, el dólar subió 48.1%, al haber pasado de 12.933 pesos por dólar a 19.149 pesos por billete verde.
¿A qué se debe que en el periodo de diciembre de 2016 al mismo mes de 2017, el dólar haya bajado de valor respecto al peso mexicano? Pues esta pregunta tiene muchas explicaciones, una de ellas es el fuerte incremento de tasas de interés que hemos sufrido en México, un menor gasto público, pero lo más importante es que lo que vivimos el año que recién concluyó, no fue la fortaleza del peso, sino la debilidad del dólar.
De acuerdo con un artículo publicado en www.nasdaq.com, titulado “Why 2018 Could be a Good Year for the Dollar (Por qué el año 2018 puede ser un buen año para el dólar)”, el año 2017 fue el peor año para el dólar estadounidense en más de una década, lo cual se puede constatar con la caída de más del 9% del “Índice Dólar”. La última vez que el dólar registró tiempos tan difíciles fue en 2003, cuando éste perdió el 14.6% de su valor. De cierta manera, ese año fue similar al 2017 en el sentido de que la inflación fue baja, el mercado accionario tuvo un buen desempeño y el Banco de la Reserva Federal (FED) aumentó tasas de interés. Sin embargo, en el 2003 los Estados Unidos se enfrentaban a un problema de deflación, no de baja inflación (como ahora), la FED aumentó su tasa de interés sólo una vez en lugar de tres veces como el año pasado, y el mercado accionario subió 8% versus la ganancia de 2017, de casi 20 por ciento.
No obstante a lo anterior, el 2017 fue un año terrible para el dólar estadounidense, lo cual pudiera resultar sorprendente dado que la FED fue el banco central de un país desarrollado, más agresivo. Subieron la tasa de interés en 75 centésimas de punto porcentual en un contexto de sólido crecimiento económico y bajo desempleo. Su crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) fue el más alto desde el año 2014 y la tasa de desocupación fue la más baja desde el año 2000. Sin embargo, durante la mayor parte del año 2017, el presidente Trump tuvo dificultades para avanzar en su agenda económica, se estuvo cerca de no lograr un acuerdo para aumentar el techo de endeudamiento público, y esto aunado a otros factores como las disputas con Corea del Norte, y la incertidumbre en las relaciones comerciales con sus principales socios, provocaron que los inversionistas globales prefirieran alejarse del dólar. En otras palabras, los inversionistas extranjeros (en especial los asiáticos y europeos) no quieren a Donald Trump.
Continúa Mañana
Director General GAEAP*



