lunes, agosto 31, 2026
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Terminó su sueño

Hace aproximadamente un mes Misael dejó Acapulco en busca del “sueño americano”.
Hoy se encuentra en un albergue de Silao, en espera de reunir dinero para reencontrase con su familia tras el fallido intento de cruzar la frontera.
Misael tiene 35 años. En Guerrero trabajaba como mesero en un restaurante de La Costera, trabajo que dijo, sólo reditúa durante las temporadas vacacionales.
“Vivimos del turismo, ya cuando se va el turismo, baja el sueldo, baja todo”.
Sentado en una banca a las afueras de la Unidad Municipal de Protección Civil, sonríe al narrar que sus planes no eran llegar a Silao.
“Mi meta era llegar a Estados Unidos, pero tristemente no pude pasar, pues hay mucho resguardo allá en la línea (frontera)”.

LUCE TRISTE
Quiso establecerse en el municipio, sin embargo “las circunstancias no me permitieron y ahora mi intención es regresar a Acapulco”.
Protección Civil abrió un albergue en el salón de usos múltiples de la Unidad Deportiva, donde desde hace casi dos semanas duerme el joven.
Tras varios días de no saber de su familia, una empleada de la dependencia municipal lo apoyó para, a través de Facebook, informarles que se encuentra con bien. “Estoy solo aquí”.
Luce triste. En sus ojos se nota la nostalgia que le trajo la temporada navideña, momentos en los que su familia se reúne para convivir.
“Es duro estar aquí, me siento un poco incómodo pues he llegado al límite, qué se yo, a pedir una moneda, una comida, y no es mi estilo hacer eso”, dice apenado.
No obstante reconoce que con trabajo ha aprendido a ganarse cada bocado.
“Por el momento no estoy trabajando. Lo más importante es que quiero regresar a Acapulco”, insiste.
Aunque acepta que personas le han tendido la mano, “es un buen lugar de ayuda”.

FALLA SU SUEÑO
Sus padres están enfermos, “y ese era mi sueño, llegar a Estados Unidos y empezar a trabajar; empezar otra vida para poder ayudarlos”. La vida es cara en Acapulco, cuenta.
El poco dinero con el que contaba le permitió llegar sólo hasta Silao.
“Me vine trasladando, pidiendo ayuda con los compañeros que tengo, pedí prestado. Llegué en autobús, al tren nunca me he subido pero también me vine en los tráileres”.
Ve esta experiencia como “parte de la vida”, pero tiene en mente volver a intentar llegar al país del Norte con ayuda de un hermano que allá se encuentra.
“La verdad mi papá me decía que no era mi tiempo, que no me viniera, pero a veces uno no le hace caso a la experiencia. Está contento porque sabe que estoy bien y por otro lado está enojado dentro de sí”.
Misael nunca había escuchado hablar de Silao, pero hoy lo ve como un municipio en el que la gente tiende la mano.
El boleto de autobús de regreso a casa le cuesta mil 495 pesos. “Mi familia está buscando la manera de trasladarme, pero no tengo nada seguro. Estoy esperando a ver si me pueden enviar algo de dinero”.
Una maleta y un par de prendas para vestir son las que lo acompañan. Fueron policías quienes le hablaron del albergue y lo trasladaron hasta el sitio.
Dispone de un corto tiempo al día para lavar su ropa, pues el salón se usa para actividades deportivas.
Pide la ayuda de personas para poder regresar a su tierra. También ropa para poder enfrentar las inclemencias del invierno.

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