Hace un par de semanas, adelantándome a la época navideña, me permití escribir unas líneas dedicadas a las reflexiones que la mayoría nos hacemos, al culminar el año que transcurre. La mayoría de las empresas, sobre todo las de mayor tamaño, ya han hecho sus planes estratégicos para el 2018, han fijado sus metas próximas y sus objetivos más lejanos. Inclusive las dependencias públicas han hecho sus programas para alcanzar mejoras inmediatas. Evidentemente, cada individuo en lo particular, hará su propio ejercicio interno, habrá sopesado si consiguió lo que se habrá propuesto o se fijó objetivos muy ambiciosos.
No soy experta en el tema, ni siquiera me acerco a estudiar sobre cuestiones existenciales, pero como cualquier ser humano pensante y con un propósito en la vida, resulta lógico el prever metas a corto y largo plazo. Nuestra meta más cercana será llegar al primero de enero de 2018. Llegar con salud y habiendo satisfecho nuestros objetivos del 2017. Quizás cumplimos uno o dos, o nos faltó la mayoría. Tal vez hubo imprevistos que no nos permitieron alcanzar lo que nos propusimos.
Llegó Trump a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica y sobrevivimos. No lanzó una bomba atómica para exterminar a los mexicanos ni ha edificado el tan prometido muro fronterizo, pero su arribo a la Casa Blanca, sin duda, afectó al mundo entero. 2017 fue un año de muchos contrastes. Septiembre fue un mes terrorífico para nuestro país.
Los terremotos siguen causando estragos. En los últimos meses, el tema principal en el que nos enfocamos, fue el político, ya que se avecinan elecciones presidenciales. Resulta gracioso cómo en el último minuto de cada año, atragantándonos de uvas, queremos recitar internamente nuestros deseos o metas. 1. Bajar de peso. 2. Comprar un coche nuevo. 3. Viajar. 4. Conseguir un nuevo empleo. 5. Hablarle a ese pariente que tengo olvidado. 6. Ir a misa…
En fin, cada uno tendremos nuestros deseos frustrados y nuestra nueva lista de propósitos que querremos alcanzar de ahora en adelante. En lo particular, ya estuve proyectando algunos objetivos, unos muy evidentes y muy próximos, otros que espero ir alcanzando a medida que vayan transcurriendo los meses en el 2018. Los artículos motivacionales coinciden en dar los mismos consejos: tener propósitos claros, que podamos alcanzar y que no nos demanden desafíos inalcanzables. En el ámbito financiero, tratar de ser organizados, cubrir el mayor número de deudas que hayamos contraído desde tiempo atrás y fijar prioridades, de tal modo que se nos permita en un momento dado, ahorrar.
En lo espiritual, tratar de ser congruentes con lo que creemos y lo que profesamos. Cada uno, y si es que el tiempo nos lo permite, haremos nuestro ejercicio mental y fijaremos nuestros objetivos personales. Aprovechemos pues, estos últimos días del año para conciliar y reconciliar, para organizar nuestra agenda más próxima y la que nos ayude a sobrellevar el año próximo de la mejor manera posible. Mis mejores deseos para Usted y su familia. Con el permiso del Editor, tomaré unos días de descanso en este espacio, para estar de regreso, el próximo 7 de enero. ¡Enhorabuena y que venga el 2018!
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