viernes, septiembre 4, 2026
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A 36 años de la gloria

Con un elevado al jardín derecho que atrapó el outfielder Ron Shepherd estalló el júbilo. La banca visitante se vació por completo y el centro del diamante se llenó de risas, llanto, abrazos y plegarias en el juego 5 de la final de la Temporada 1990 de la Liga Mexicana de Béisbol: los Bravos de León se proclamaron campeones del béisbol de México al vencer a los Algodoneros de Unión Laguna por pizarra de 5-3. El juego se celebró el 4 de septiembre de 1990 y hoy se cumplen 36 años de esa hazaña.
Un juego disputado
Comandados por el legendario Paquín Estrada, quien fungió a la perfección su doble papel en el roster como mánager y receptor, los del Bajío se hicieron de los máximos honores en una serie que los retó al máximo en todo momento.
En aquel quinto juego, disputado en el Estadio Revolución de Torreón, Roberto Vizcarra abrió la pizarra a favor de Bravos en la primera entrada, donde, tras conectar sencillo y avanzar con hit de Willie Aikens, anotó con un wild pitch de Palafox.
El dos a cero no tardó en llegar y es que, en el amanecer del segundo rollo, José Luis Gutiérrez llegó a primera a través de una bola ocupada, para después robarse la segunda y, con imparable de Vizcarra, anotar la del 2-0.
Algodoneros respondió en la baja de la segunda. No escatimaron en esfuerzos y anotaron las dos carreras del empate en los spikes de Luis Alfonso Cruz y Rubén Ávila, quien conectó jonrón solitario por todo el jardín derecho.
Después de tres ceros colgados de manera consecutiva, los Bravos volvieron a responder a la ofensiva. En la alta de la sexta, Manuel Cazarín pegó doblete y Gutiérrez, quien antes anotó la segunda, lo impulsó para remolcar la del 3-2.
La batería siguió funcionando y en la séptima fatídica llegaron las dos carreras del triunfo para los dueños del Domingo Santana. Horacio Valenzuela y el propio Cazarín remolcaron a Ramón Esquer y Willie Aikens, quienes pusieron las de la diferencia con la cuarta y quinta, respectivamente, para así dejar la pizarra 5-2.
En la baja de ese mismo rollo, Herminio Sáiz significó la última ilusión para los Algodoneros con un batazo de cuatro esquinas que los acercó a dos carreras; sin embargo, Orozco se agigantó y cerró con creces el juego, al lanzar la ruta completa con nueve hits, dos bases por bola y cuatro ponches, sumando un total de 36 bateadores laguneros enfrentados.
Orozco, el MVP
El derecho fue proclamado MVP de la Serie Final de la Temporada 1990 gracias a su inconmensurable labor arriba del montículo. A lo largo de tres juegos, Orozco ganó dos, completó también dos, salvó uno y lanzó un total de 20 entradas. Así, Jaime guarda un lugar muy especial en la historia de la franquicia, pues los dos triunfos los logró en el primer y último juego, siendo, de esta manera, el que abrió y cerró el telón.
La alegría de la ciudad
Tras el triunfo en la comarca lagunera, la afición leonesa recibió con los brazos abiertos a sus héroes al siguiente día, el miércoles 5 de septiembre, en varios de sus lugares más emblemáticos: Arco de la Calzada, Avenida Madero, Zona Peatonal y el patio de Presidencia Municipal:
“Nos tardamos un año, pero al fin lo conseguimos hoy”, comentó Manuel Cortés, quien en aquel entonces era gerente del Club. “Ustedes han sido testigos de que peleamos a sangre y fuego hace 11 años por béisbol profesional y ahora deben vivir con nosotros este triunfo”.
De esta manera los Bravos de León ahora con su regreso al circuito de verano desde 2017 continúan en la búsqueda de la anhelada corona en donde este año dieron un salto importante al calificar a los playoffs y dar pelea a los Olmecas de Tabasco. Para 2027 la novena del Bajío quiere seguir mejorando sus números y, por qué no, volver a vivir lo hecho aquella noche de septiembre del 90.

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