La reciente visita del primer ministro Canadiense Justin Trudeau a México, se percibió como una oportunidad para reforzar lazos entre nuestro país y Canadá. Trudeau dejó entre ver que considera a México más como un país “amigo” que como un “socio”. Asimismo, coincidió con el presidente Peña en que la renegociación del Tratado de Libre Comercio, debe hacerse tomando en cuenta una meta conjunta y beneficiar a las tres partes que lo conforman, independientemente de lo que el presidente de Estados Unidos haya estado recalcando en últimos tiempos, sobre la revisión minuciosa de los términos del TLC. Y es que no es necesario recordar que Donald Trump ha desaprobado desde que iniciaba su campaña, los términos del Tratado de Libre Comercio entre los tres países, porque argumenta que hay desventajas claras para los empleados y obreros de Estados Unidos, puesto que los trabajadores mexicanos acaparan los puestos que podrían y deberían corresponderles a los empleados de su país.
Trump se ha dedicado a atacar, desprestigiar y en términos generales, a ver las desventajas que representa el TLC, al menos para su país. Recuerdo con nostalgia, aquella época en la que aún sin estar vigente un acuerdo comercial de tal envergadura como lo es el TLC, cómo inundaban las pantallas de las televisiones, los comerciales de mercancía netamente mexicana. Desde Tenis hasta patinetas o muebles que se anunciaban en programas de concursos en las mañanas de los domingos.
La ropa que usábamos los más pequeños, era manufacturada en Aguascalientes o en otras poblaciones dedicadas a la industria textil. Los más “pudientes” se vestirían con ropa importada de España o con ropa deportiva traída por algún pariente que viajó a “Estados Unidos”. Hoy en día, gracias a la tecnología, al propio paso del tiempo y a la modernidad, aun cuando no sería difícil emular las modas y las tendencias que se imponen en el extranjero, tanto en ropa como en productos en general, resulta impensable pensar sólo en lo “local”. Recuerdo también cómo se presumió durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari la negociación y la firma del TLC. Hasta los más jóvenes en esos tiempos, se esperanzaban y se imaginaban que serían parte de una potencia económica naciente. El término “neoliberalismo” se puso en boga. A 25 años de la firma del TLC, tras la visita de Trudeau y la presión ejercida por Trump, se plantea una renegociación. Renegociación que en primera instancia y por propuesta del mandatario Estadounidense, prevé una caducidad o vigencia del acuerdo comercial por cinco años, de tal modo que periódicamente pueda revisarse el mismo.
Trudeau en esta ocasión y en tal sentido, se mostró afable y dispuesto a que la negociación beneficie a las tres regiones involucradas en el multicitado Tratado y no sólo a algunos de los países firmantes. Los términos del TLCAN a los ojos de cualquier individuo pudieran parecer lógicos y justos. Mientras unos aportan capital humano a precios accesibles, otros obtienen más ganancias al colocar sus productos, mientras que para otros tantos, los aranceles les son más benéficos para poder adquirir diversas mercancías. Tal como lo señaló el propio Trudeau, lo que se intenta buscar es un “ganar, ganar”. Ya veremos cuál es el desenlace y si efectivamente México también saldrá ganando.
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