
Los miles de capitalinos y visitantes de otras ciudades del Estado y el resto del país que participaron en la tradicional Fiesta del Día de la Cueva, enmarcaron la historia de esa tradición que cumplió 410 años de existencia.
Transcurría el año de 1 mil 6109, cuando un grupo de misioneros jesuitas que llegaron a la ciudad para realizar labores de evangelización buscaron un santo patrono al cual rendir culto y fue San Ignacio de Loyola, el elegido.
Para llevar a cabo su fiesta le dedicaron una cueva en el Cerro de la Bufa, situada a unos 2 mil 300 metros sobre nivel del mar y realizaron el primer recorrido para venerarlo, lo que marcó el inicio de la tradición, que ahora es la fiesta por excelencia de los habitantes de la Capital del Estado.
Desde entonces, cada 31 de julio los miles de habitantes de la ciudad, otras del Estado y el país le dedican esta fiesta, la cual reúne a las familias en los alrededores del Cerro del Hormiguero y los Picachos.
Manuel Aguilar es uno de esos guanajuatenses que no falla y con su presencia, la de esposa e hijo dan forma a una tradición que distingue a la ciudad a nivel nacional e internacional.
“Los 31 de julio que venimos a pasear con la familia y ahora sí que tenemos que llegar hasta allá arriba, al pasito, pero ahí vamos. Sí, aquí, mi niño, mi pareja y desde chiquito ya lo traía cargado”, dijo.
Este hombre es la muestra fiel de como la tradición se ha heredado de generación en generación al traer a su hijo pequeño, al cual carga en hombros y con ese solo hecho contribuye a que la tradición sea parte de la historia.
El al igual que las miles de familias salen temprano de casa y hacen un recorrido de varios kilómetros, los finales marcados por pesada subida y aunque algunos solo llegan hasta la cueva de los Loceros, donde se ubica la figura de San Ignacio de Loyola, otros si logran llegar hasta la cueva donde se rinde culto a la deidad.
El recorrido es marcado por el verdor de los campos y los cerros cercanos, que lucen el esplendor de su vegetación, luego de las benéficas lluvias que cayeron en semanas anteriores.
A lo largo del camino, los comerciantes ofrecen todo tipo de productos, artículos y mercancías, desde luego las bebidas para rehidratarse no pueden faltar y los alimentos, las gorras, los sombreros y un sinfín de alternativas.
Uno de esos comerciantes es Guadalupe Sánchez, quien cada año viaja desde San Miguel de Allende para ser parte de la fiesta y ofrecer las mercancías que trae desde esa población.
“Nosotros venimos cada año, verdad y pues ya nos gusta venir, pues ahora sí que somos comerciantes, pero ya ahora si ya es una, ya es como tradicional para nosotros venir a esta fiesta de Guanajuato”, afirmó.
Los caminantes muestran perseverancia para llegar hasta lo alto del cerro y cumplir con la tradición, que fue iniciada en 1 mil 610 y ha logrado llegar a los 410 años de existencia.



