lunes, agosto 31, 2026
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Cierra tradición culinaria de 45 años de historia

Tras 45 años de historia, Almuerzos y Comidas Del Portal cerró las puertas de su emblemático local en el Centro Histórico de León.

El aroma de los guisados tradicionales, las charlas familiares alrededor de una mesa y los más de 300 carteles taurinos que durante décadas dieron identidad al lugar dejarán de formar parte del paisaje de Plaza Fundadores.

Aunque el restaurante dejará este espacio, la tradición continuará en su sucursal de la calle Madero.

Antes de convertirse en uno de los restaurantes más representativos del centro, el establecimiento nació como la tienda de ropa para caballero Novedades Austin fundada por Alfredo Orozco de Santiago.

A principios de la década de 1980, la familia decidió cambiar el giro del negocio y abrir un restaurante de comida casera que, con el paso de los años, se convirtió en un punto de encuentro para generaciones de leoneses.

Su menú conservó el sabor de la cocina tradicional del Bajío. Chicharrón prensado en salsa, bistec, carne de puerco, huevos al gusto y otros guisados preparados como en casa fueron el sello del lugar, aunque con el tiempo incorporaron opciones más ligeras para adaptarse a los nuevos hábitos alimenticios de sus clientes.

«El eslogan de mi papá era ‘Para almorzar y comer como usted le gusta’. Eran los guisados que hacían nuestras mamás y nuestras abuelitas. Hoy la gente busca opciones más saludables, pero seguimos conservando esa esencia», recordó Alfredo Orozco Castro, hijo de Don Alfredo.

Otra de las características que hicieron único al establecimiento fue su decoración. Las paredes resguardan una colección de más de 300 carteles taurinos, reunidos durante décadas gracias a la afición de su fundador por la fiesta brava. Muchos fueron adquiridos en las corridas a las que asistía la familia y otros llegaron como obsequio de clientes y toreros que visitaban el restaurante.

«Clientes que viajaban nos traían carteles de recuerdo. Hay varios de España y algunos fueron dedicados por los propios toreros cuando venían a desayunar. Es una colección con la que mucha gente se identifica», comentó.

Para Alfredo Orozco, despedirse del local significa cerrar una etapa de su propia vida pues fue entre las mesas, sillas y comensales que creció primero jugando, y después ayudando a su padre a atender el negocio.

«Aquí jugué de niño. Aquí me escondía entre los anaqueles cuando todavía era tienda de ropa y después crecí entre las mesas del restaurante. Es como despedirte de una persona con la que conviviste toda la vida», expresó.

Orozco aclaró que el cierre no se debe a una crisis del negocio, sino al término del contrato de arrendamiento tras el cambio de propietarios del local.

Sin embargo, reconoció que el cierre también refleja la transformación que ha vivido el Centro Histórico, donde cada vez son menos los negocios familiares que permanecen.

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