La famosa y tan esperada fiesta del futbol, ya empezó. El jueves 11 de junio, en punto de las 11:30 am (hora del centro de México), todo mundo estaba en sus lugares para ver el gran evento del mundial, por tercera ocasión en nuestro país. Aquellos que vimos tan esperado espectáculo por la televisión, fue vergonzoso y lamentable ver las imágenes de miles de policías de la CDMX y fuerzas federales, tomando las calles de la capital.
Semanas y días previos a la inauguración mundialista, las reprobables imágenes de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CENTE) daban la vuelta al mundo, cargadas de violencia y pánico, sin que existiera autoridad local alguna, que los sancionará e invitaran al orden público.
Las negociaciones entre la dirigencia magisterial y el gobierno federal pausaban breve tiempo de desmanes incontenibles y actos vandálicos a diestra y siniestra en lugares emblemáticos y representativos de la capital mexicana. Ante el demagógico discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum, de no caer en provocaciones y no reprimir a los vándalos, la anarquía se adueñó de las calles.
Hasta llegar al 11J y ver un Estado Mexicano autoritario y represor a manifestantes de muchas otras causas, provocadas por un Estado fallido que ha arrancado a familias enteras de miembros de sus propias familias, como las madres y padres buscadores de sus hijas e hijos, que han sido desaparecidos por el contubernio del gobierno con el crimen organizado.
El humo de los extinguidores de los policías antimotines de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX, se impactaron ante los rostros de cientos de mujeres y hombres, que buscaban con desesperación una respuesta por parte del corrupto gobierno de la capital y de la federación. Visibilizando la tragedia ante el mundo.
México se proyectó al mundo como lo que es hoy en día, desde que llegó al poder la desgracia de la 4T y su narco partido MORENA. Una sociedad dividida y atrapada en un mar de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, conflictos sociales y políticos en todo lo largo y ancho de la república mexicana; ante la negación constante de la cruda realidad por el gobierno federal.
Esta misma problemática que vive el gobierno federal, se refleja tristemente en los 32 estados del país, con gobiernos locales que replican exactamente lo mismo, ante el contubernio de la presidenta de México y su gabinete legal y ampliado. Permitiendo toda clase de excesos políticos y económicos, al saber que deben apoyar en todo a la 4T a cambio, de impunidad jurídica y política.
Que siga rodando el balón, ante las tragedias que viven todos los días las madres y padres buscadores. La inseguridad continúa inundando las calles del país, con balas, sangre y víctimas que crecen y crecen sin parar todos los días, ante las cifras oficiales manipuladas y los discursos de gobernadoras, gobernadores y la presidenta de México, del supuesto gran éxito al combate a la inseguridad.
Mientras, que ¡Viva México! Que ¡Viva la fiesta Mundialista! Somos orgullosamente el único país, que celebra por tercera ocasión un mundial. ¡Qué orgullo tener a Memo Ochoa, por su sexta copa del mundo! Al fin y al cabo, la violencia, la pobreza y los desaparecidos pueden esperar hasta la gran final de la gesta mundialista y a la selección que levante la copa.



