Aún con los recuerdos a flor de piel de los sismos, huracanes y los desastres ocasionados por los embates de la madre naturaleza estamos en el proceso de asimilación de lo sucedido.
No hay mal que por bien no venga, así decía mi madre, ante eventos que consideraba aparentemente desafortunados pero con un potencial de enseñanza muy alto.
México ha tenido, en su historia, innumerables hechos que han marcado y construido el carácter de los habitantes de este gran país.
En la mayoría de las veces con la esperanza, por sus creencias, de que un salvador llegue a rescatarlo de la ignominia y ascenderlo a lo que por derecho le corresponde.
Independencias, revoluciones, supuesta alternancia y corrupción son los estandartes que el Gobierno, a través de su poder ininterrumpido – inicialmente de un partido político-, ha ejercido a pesar de que ahora hay numerosas asociaciones políticas: PRI, PAN, PRD, Morena, Nueva Alianza, Encuentro Social, Movimiento Ciudadano, del Trabajo y el Verde Ecologista. Todos ellos, desde 1997 al 2016, recibieron recursos públicos por más de 62,648 millones de pesos (Instituto Nacional Electoral) de los cuales ningún peso ha sido para el beneficio del país y de su gente.
Estos eventos inesperados en México, provocados por la naturaleza y de alguna forma modificada por los seres humanos, han traído como resultado una respuesta que para muchos ha sido inusitada, pero que ha generado la posibilidad de un cambio social. También han suscitado sobresalto en la clase política y en los partidos porque nunca se habían considerado vulnerables, creyendo que contarían siempre con el control y sumisión de la sociedad sin importar hechos y acontecimientos.
Piensan que pertenecen a una élite sagrada e intocable, a pesar de ser aparentemente mexicanos en su exterior.
La unidad y trabajo colectivo demostrado en los estremecimientos terrestres, no fue exclusiva de una zona o región. Se ha puesto de manifiesto en todo el país, a través de las redes sociales y demuestran que no estamos dispuestos a mantener las prebendas, ni presupuestos descomunales de la clase política ni de los partidos asociados a ellos.
¡Las voces han dicho basta!
¡Basta de demagogia y engaños que niegan el derecho a la educación, salud, trabajo, estabilidad social y económica!
¡Basta a la incongruencia partidista y sus campañas políticas que nunca ofrecen soluciones ni candidatos honestos ni comprometidos!
¡Basta a la farsa del compromiso de los 3 poderes de la Unión hacia el pueblo de México!
¡Basta a los dedazos partidarios!
¡Basta a la sumisión y falta de unión de los mexicanos que ahora más que nunca deberemos permanecer articulados para lograr un frente congruente capaz de realmente transformar a México!
México no necesita de campañas con gastos exagerados. Requerimos de mexicanos comprometidos con el bien común y la sociedad. Necesitamos de proyectos, estrategias. Acciones que paulatinamente reconstruyan el tejido social y la infraestructura del país para poder crecer con un paso firme y seguro sin presiones partidistas o externas que solo busquen el beneficio de unos cuantos individuos nacionales y extranjeros.
El camino no es fácil. Tampoco imposible de lograr. Siempre han existido fuerzas, mas externas que internas, que quieren el retroceso y la aniquilación de la voluntad del pueblo con la manipulación de las masas por los medios de comunicación, mediante las acciones de los intelectuales o anarquistas que se encuentren en el mando.
Hoy hemos despertado a la realidad. Es tiempo de permanecer despiertos y conscientes de lo que en conjunto podremos alcanzar.
La generación conocida como “Millennials” o Generación Y, que calificamos como apática y conflictiva, nos ha demostrado fehacientemente que juntos podremos lograr un verdadero cambio social mediante la unión y la participación social.
¡Empecemos la RECONSTRUCCIÓN!
¡Hasta la próxima!
Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com




