
Durante el último año y medio, la casa del señor Ángel López ha comenzado a presentar grietas y fisuras, presuntamente debido a la operación de un taller de zapato industrial que no cuenta con los permisos correspondientes.
La vivienda, ubicada en la colonia Nueva Candelaria en León, se encuentra justo al lado del taller. El señor López ha vivido en este lugar durante los últimos 26 años. Sin embargo, hace 13 años se instaló el negocio. Al inicio solo fabricaban zapato convencional, pero con el tiempo el taller comenzó a crecer y a producir zapato industrial, lo que implicó la instalación de maquinaria más pesada.
De acuerdo con el afectado, la potencia y el impacto de estas máquinas provocan vibraciones constantes que han deteriorado su vivienda.
“Al principio el señor trabajaba normal, pero empezó a cortar planta, casco y contrafuerte, y para eso se necesita más potencia para cortar. Desde que metió las dos máquinas se empezó a sentir más la vibración y comenzaron a salir las grietas en mi casa”, relató.
Ante esta situación, el señor López acudió a la Dirección de Desarrollo Urbano Municipal para denunciar lo ocurrido. Sin embargo, señaló que durante meses su queja no tuvo seguimiento, por lo que también solicitó la intervención de Protección Civil para que evaluara los riesgos en su vivienda.
Al no obtener respuesta de ambas dependencias, decidió presentar una queja ante la Contraloría Municipal y también acudió a la Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado de Guanajuato (PRODHEG). Fue entonces cuando comenzaron los problemas con el dueño del taller, quien presuntamente lo amenazó.
Por esta situación, el afectado presentó una denuncia ante la Fiscalía General del Estado de Guanajuato (FGE) por el delito de intimidación, la cual quedó registrada con el folio 14570.
“En otra ocasión le volví a recordar de las afectaciones y se puso muy agresivo. Me dijo que dejara de estar molestando, que me iba a golpear si lo volvía a demandar. Yo mantuve la calma en ese momento. Ahí estaban mi esposa, mi hija la chiquita y mis dos hijos”, recordó.
El señor López aseguró que incluso intentó mediar con el propietario del taller para evitar que el conflicto escalara. Entre las propuestas estuvo fabricar una base especial para las máquinas o pagar el traslado con una grúa para moverlas y reducir las vibraciones.
“Me dijo que sí, que no había problema. Después dijo que mejor iba a cambiar la máquina porque le estaba fallando. Yo hasta le ayudé con dinero para que las moviera, pero al final no hizo nada. Ahí dejó las máquinas y siguió trabajando con las dos, incluso con tres máquinas”, explicó.
Ante la falta de acuerdos, acudió a un proceso de mediación, sin embargo, el dueño del taller no se presentó.
“Fui a Mediación, lo cité, pero no apareció. Entonces ahí me dijeron que no me quedaba otra más que demandarlo”, señaló.
Posteriormente, el afectado volvió a evidenciar la situación ante la Dirección General de Desarrollo Urbano, donde señaló que el negocio no cuenta con el uso de suelo adecuado ni con la autorización de uso y ocupación.
De acuerdo con el denunciante, en noviembre de 2025 Desarrollo Urbano dio un plazo para que el taller detuviera sus actividades. No obstante, a casi cuatro meses de esa indicación, el lugar continúa operando con normalidad.
Fue hasta el pasado martes 3 de febrero cuando personal de Desarrollo Urbano colocó un sello de clausura en el taller. Sin embargo, el señor López asegura que el establecimiento sigue funcionando.
“Se supone que lo clausuraron, que ya no tiene que estar trabajando, pero sigue trabajando. Ese mismo martes que lo clausuraron le pusieron un sello pequeño en la puerta, pero él abrió y siguió trabajando. Los obreros estaban adentro y siguieron operando las máquinas”, afirmó.
Además de las amenazas, el señor López asegura que las vibraciones continúan provocando daños en su vivienda, lo que le genera preocupación por la seguridad de su familia.
“Hay grietas muy grandes que se siguen abriendo. Incluso ya les puse resane en una parte, pero se vuelven a abrir. Se siente la vibración tanto afuera como adentro de la casa”, explicó.
Agregó que las afectaciones también se perciben en el techo y en algunas áreas del suelo.
“Cuando estoy arriba se siente la vibración en el techo. También se desprende material en algunas partes de las paredes y del piso. Sí da miedo porque de tanto golpeo y vibración, al rato puede pasar algo peor”, advirtió.
El señor Ángel López hizo un llamado a las autoridades de la Dirección General de Desarrollo Urbano para que realicen una verificación en el lugar y se cercioren de que el taller realmente dejó de operar, tal como lo establece la clausura.
Señaló que, mientras las máquinas continúen funcionando, su vivienda y la seguridad de su familia siguen en riesgo.




