
Los peregrinos rumbo a San Juan de los Lagos ya caminan por León y otros municipios. Cada uno de ellos no lleva nada más que sus mochilas, su ropa y su fe.
Algunos se valen de un bastón. Otros, llevan calzado especial. Hay quienes tienen provisiones como botellas de agua o tortas, que guardan en sus petacas. También, cargan tiendas de campaña, impermeables y sombrillas para protegerse de cualquier inclemente cambio del clima. Tienen una única misión: llegar a agradecer a la virgen de San Juan de los Lagos.
Las historias que ellos cuentan son tan extensas como los caminos que recorren, igualmente cargadas de expectativa, de dolor y finalmente, de alegría y esperanza.
María del Refugio González es una de las muchas personas que viaja rumbo a San Juan de los Lagos. Lo hace a pie. Tiene 45 años y todos los deseos del mundo de llegar a su destino, pues tras un embarazo muy complicado, su hija estuvo a punto de nacer sin vida. Ella cuenta que rezó y rezó… hasta que la pequeña llegó al mundo con una estabilidad que, de acuerdo con sus palabras, fue “milagrosa”. Hoy en día, tiene siete años, la misma cantidad de tiempo que María viaja a San Juan.
Otra historia es la Juen Pedro Araiza Barajas, quien trabaja como vendedor. Originario de León, desde hace cuatro años peregrina rumbo a San Juan de los Lagos.
“Voy cada año por una manda, pido por mi madre, que tiene cáncer. También llevo a mi papá cada año, y siempre me he sentido a gusto, pero sobre todo, muy agradecido con la Virgencita. Nos ha ayudado mucho con la familia. En el peregrinar he vivido mucho, pero siempre tengo la emoción grande de llegar a mi destino”.
Finalmente, está el caso de Ernesto Negrete, quien viaja desde Pueblo Nuevo. Han sido dos días recorridos a pie. Este 2026 es su primer año. Pasan las noches en una tienda de campaña. Cuenta:
“Estoy un poco cansado, pero sigo caminando. No tengo miedo, todo me impulsa a seguir más adelante, porque mi suegro tenía cáncer. Bendito Dios, no salió metástasis. Ya se le quitó, y vamos a volver a peregrinar.




