
La semana pasada México vivió otro pasaje inédito en su vida interior. La paralización del libre tránsito en las carreteras del país, derivado del paro nacional de los productores del campo, siempre castigados y socavados por el gobierno en turno. La 4T y Claudia Sheinbaum no fueron la excepción al pasado, al contrario, ahora ahorcaron y asfixiaron a los campesinos.
Los campesinos no fueron los únicos castigados por el gobierno federal de MORENA, también lo fueron millones de mexicanos que no pudieron regresar a sus casas ni con sus familias, derivado de la falta de sensibilidad política, oficio, negligencia del gobierno federal y sus insensibles autoridades. Familias enteras se quedaron varadas en compañía de cientos de camioneros y miles de automovilistas.
Hace siete años, los mexicanos y el país entero sufrieron un hecho único en su historia, al ver al gobierno de la 4T y de AMLO dejar sin combustible a millones de familias, paralizando a la nación entera y dejando sin movilidad y sin saber qué hacer a mujeres y hombres de todo México. La explicación perversa del entonces gobierno federal, la lucha contra el robo de combustible (huachicol) y a siete años de distancia son ellos, el propio gobierno, quien lucra y se enriquece del robo del hidrocarburo.
El país está hecho un auténtico polvorín, entre la anarquía que prevalece en todos o casi todos los municipios de México y estados de la república, el desgobierno y la violencia que no para ni cesa un solo día. El deterioro social, económico y político no deja de sorprender, ante la indiferencia y el silencio que en su mayoría prevalece en las calles, donde tímidamente solo hay una crítica velada.
¿Qué más tiene que pasar en el país, para que la gente y la sociedad hagan algo? La indolencia por parte de millones de mujeres, hombres y familias enteras respecto al acontecer diario que vive México, es simplemente incomprensible. Pensar que manifestar sus opiniones por medio de las redes sociales es suficiente o determinante para lograr un cambio, es francamente ridículo.
La barbarie se ha normalizado y convertido en el día a día de comunidades y pueblos enteros, resignados a que la vida cambie por obra del creador y no es así. Mientras la gente siga votando por los de siempre, por los generadores de violencia e inestabilidad, pidiendo ayuda a las autoridades, que son quienes desestabilizan sus sociedades, todo seguirá igual o peor.
Mientras tanto, las palabras de un campesino guanajuatense, acompañado de los suyos y rodeado por policías de las fuerzas de seguridad del Estado de Guanajuato (FSPE), aún retumban en el bajío y en todo México, en redes sociales: “Nos estamos muriendo de hambre. ¿sí o no señores? Un precio de miseria de 4 pesos con 250 de sorgo y 5.50 de maíz, no nos deja ni para seguir trabajando…”.
Continua el campesino hablando, ante el silencio de los policías del estado: “por eso estamos aquí manifestándonos, no crea que estamos por gusto o por capricho, por molestar gente. Estamos por necesidad, pidiendo para seguir trabajando y tener un pueblo alimentado. Pero están comprando granos del extranjero, para bajar el precio del grano de nosotros y no es justo. Y están diciendo hay que devolverle al pueblo lo que es del pueblo y es una gran mentira…”.
Mientras tanto, siguen los abusos y excesos de autoridad y es vergonzoso ver cómo, desde el poder, la corrupción se ha filtrado en toda la sociedad, mientras sigue sorprendiendo el conformismo con el que parte de la sociedad lo contempla y lo tolera. Lo inaudito, la sociedad pide que nos salven, aquellos mismos, que nos han llevado hasta esta degradación de país.
México no merece este tipo de gobierno, ni de gobernantes.



