Sostenemos la tesis de que nosotros, como mexicanos somos personas confiables, honradas, trabajadoras, además de muchos otros adjetivos calificativos que consideramos auténticos.
Por ello celebramos nuestras Fiestas de Emancipación con “pasión y orgullo”.
Pero….¿realmente qué festejamos?
La independencia de México no se inició por la idea de formar un nuevo país y dejar la tiranía y la opresión de los conquistadores españoles. La verdadera causa fue que los criollos, es decir, los hijos de españoles nacidos en nuestras tierras no podían tener ni ocupar puestos importantes dentro el virreinato, es decir, carecían de poder. Por otro lado la iglesia estaba pasando un mal momento en España ya que Napoleón Bonaparte designó a su hermano mayor Rey de España entre el 6 de junio de 1808 y el 11 de diciembre de 1813 con el nombre de José I (Pepe Botella), teniente general del Imperio francés (1814), debido a una disputa familiar entre Carlos IV y su hijo Fernando VII (que ocasionó el motín de Aranjuéz), amén, de una serie de eventos que conformaron lo que se conoce como las Cortes de Cádiz durante la Guerra de la Independencia Española (también llamada la francesada o Guerra de los 6 años). Las Cortes proponían cambios legislativos. Pretendían desaparecer los privilegios, no sólo de la iglesia católica, también de los señores feudales. Con ello, además de una pequeña ayuda de los Estados Unidos, independizado el 4 de julio 1776, se inició un movimiento en la Nueva España que concluyó con la emancipación no sólo de nuestro país, también del resto de América Latina.
En síntesis, la lucha estaba en contra de los sucesos que estremecían tanto a la sociedad española como nova hispana y que proclamaba la creación de un orden jurídico y político distinto, revolucionario, pues subvertía los fundamentos del pensamiento político tradicional, que atribuía la plena soberanía al rey, afectando sensiblemente a la colonia.
Todos estos sucesos forjaron los elementos necesarios para que se diera el famoso “Grito de Dolores”, que según la historia pronunció Miguel Hidalgo diciendo – “¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe”, ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!”, aunque en realidad, de acuerdo con algunos crónicas de la época, fue el siguiente:
-“¡Viva Fernando VII!, ¡viva América!, ¡viva la religión y muera el mal gobierno! (francés)”.
La historia se describe pausadamente y con las pinceladas que cada momento ayudan a forjar, transformándola en un cuadro vivo y vistoso para los ojos de nuestra sociedad. La realidad… la realidad es otra, la cual quedará en el olvido a través de los años, menos creíble e insulsa.
En esta época hemos dejado de creer en México.
Festejamos un supuesto de lo que verdaderamente nos dio patria y libertad. Tristemente sólo buscamos la diversión y ensuciamos un legado que nos permitió desarrollar nuestra nación haciendo comparsa a los festejos de un Gobierno que ha manchado nuestro orgullo y ensuciado el suelo de nuestros ancestros. No celebramos nuestra cultura, ni la música que enardece nuestros corazones. O la comida con sus maravillosos olores y texturas que fabrican las manos de artesanos culinarios perpetuando la tradición.
No festejamos el orgullo de ser mexicano.
¿Qué festejamos entonces?
Concurrimos al zócalo o a otros lugares de encuentro, acarreados. Vitoreamos la verbena popular coludidos con el Gobierno que manipula la fiesta para que aquellos que nos representan se sientan queridos y respetados, mientras muchos mexicanos sufren los embates de la naturaleza y el olvido.
Homenajeamos la corrupción, el analfabetismo, la delincuencia y la impunidad gritando ¡Viva México!, sabiendo que hay un vacío que no se llena con gritos ni vivas o toques de campana, ni juego pirotécnicos.
México está desconsolado porque le hemos dado la espalda.
Fraccionado en partidos políticos y conveniencias inútiles, hemos dejado de comprometernos con nuestro país, que nos necesita más que nunca.
Necesitamos reflexionar en estos momentos de aciago futuro y principios escasos.
Precisamos hacer un cambio en nuestras acciones.
Para que esos principios que enarbolamos sean sustentables, creíbles y no manipulados por el Gobierno a través de los medios de comunicación.
Así podremos verdaderamente celebrar nuestras Fiestas Patrias.
Y tú ¿qué festejaste?
¡Hasta la próxima!
Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com




