Formalmente el proceso electoral inició el viernes 8 de septiembre, aunque sabemos que desde antes los aspirantes a diversos cargos de elección popular ya trabajaban en conseguir las candidaturas de su partido. Es el caso del exsecretario de Desarrollo Social y Humano, Diego Sinhué Rodríguez Vallejo.
Como mencioné en colaboraciones anteriores, no es malo aspirar a un cargo de elección popular, lo que no podemos permitir es que se usen recursos públicos para tal efecto. En el caso del exsecretario, fue evidente cómo intensificó su exposición en medios de comunicación acudiendo a eventos públicos que no tenían que ver con su función como secretario. Lo importante para él era aparecer en la foto.
La doble moral de los panistas permitió que abusos como éste ocurrieran, hasta que Diego no tuvo más remedio que separarse del cargo… y continuar con su campaña, pero ahora de manera más discreta y, quién sabe, tal vez sin usar recursos públicos.
Conocemos a los panistas. En épocas electorales intensifican sus programas sociales porque quieren confundir a la ciudadanía; les hacen creer que gracias a ellos los apoyos llegan a sus manos, cuando en realidad sale de sus propios bolsillos a través de los múltiples impuestos que pagan directa o indirectamente. El dinero no es del gobierno, es del pueblo.
Por eso es importante que los funcionarios tengan las manos amarradas. León, por ejemplo, tiene múltiples necesidades que el titular de la Dirección de Desarrollo Social y Humano, Daniel Campos Lango, quiere paliar con estufas y banderitas. Sus políticas sociales están lejos de atacar el problema de raíz, y se concentra más bien en acciones electoreras con las que espera tener un beneficio inmediato: el de la promoción personal.
Sabemos que Daniel Campos no es institucional. Basta con preguntarle al alcalde Héctor López Santillana o al regidor José Luis Manrique, quien denunció públicamente a Daniel por amenazar a los líderes de colonos que osaran asistir al informe de actividades del diputado Ricardo Sheffield Padilla.
Con estos señalamientos, y la traición vivida por él mismo, ¿cómo es posible que Héctor López mantenga aún a Daniel Campos al frente de una de las direcciones más sensibles de la administración municipal? Por menos que eso, ya hubieran crucificado a cualquier otro.
En su momento escribí que Diego se tenía que ir; ahora digo que Daniel tiene que hacer lo propio… o por lo menos alguien le tiene que amarrar las manos.
¡Nos leemos la próxima semana!




