miércoles, septiembre 2, 2026
InicioLocalUna historia de nunca acabar…

Una historia de nunca acabar…

Vivimos en un México polarizado, una nación que vive dividida en muchos aspectos, sociales, culturales, políticos, económicos, religiosos, etc. Desde los inicios de la educación mexicana se nos ha exhortado elegir y defender bandos, incluso, desde hace más de siete años, ha sido la máxima apuesta del gobierno actual; remarcar las clases sociales y antagonizarlas, proceso del que se justifican como un seudoizquierdismo, el problema resulta ser que la sociedad olvida quién es el verdadero enemigo, el verdadero verdugo o causante de todos los conflictos, siendo el mismo gobierno. No importa de qué color o qué era, el gobierno usa estrategias maquiavélicas para poder llevar a cabo sus planes, sin importarle si pasa por la gente a la que supuestamente ‘benefician’, siempre y cuando sea por el bien mayor.

Esto lo hemos sabido a lo largo de nuestra historia; sin embargo, se nos olvida.

Es triste, pero cierto, el mexicano no encuentra su unión en la fiesta y la alegría. El mexicano encuentra la unión en el sufrimiento y abandono de las autoridades.

Desde eventos de desastres naturales hasta las atrocidades del crimen organizado, el acompañamiento del gobierno resulta  poco efectivo, con prácticas inhumanas o de índole ‘poco éticas’.

Podemos abordar dos casos que afectaron a la ciudadanía mexicana en los últimos sesenta años, curiosamente conectados o relacionados y que son un reflejo de lo ocurrido hace unos días en la capital del país. Siendo la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la matanza del 68 en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Sucesos íntimamente conectados, pues los normalistas iban a Ciudad de México para participar en la marcha conmemorativa del 2 de octubre. Hechos en los que gobiernos estatales, municipales y federales se vieron implicados en la censura y obstrucción de la información e investigación. Crimines que siguen impunes y sin avances significativos, los cuales solo se retoman cada que un político quiere pescar votos para su reelección o su campaña.

El cambio de régimen no se dio por las ‘increíbles’ propuestas que ofrecía Morena, ni por el personal ‘altamente’ calificado que presentaban. No, se dio por el hartazgo que los mexicanos tenemos a los políticos que solo prometen y que no actuaban después (irónico, siendo que así lo hizo Morena también). Las promesas de dar con los responsables y luego encarcelarlos fue el motivo por el que gran parte de los mexicanos votaron por ellos; para que, una vez llegando al poder, desviaran la atención, dieran más poder al ejército (quienes se dice que estuvieron implicados) y tomara a juego los temas de desaparición forzada y masacres que sufría el país.

No cabe duda que de Díaz Ordaz, hasta Claudia Sheinbaun, lo único que los diferencian es la época de sus mandatos; porque el político siempre será político, el opresor siempre será opresor y el autoritario siempre será autoritario.

El 2 de octubre no se olvida, no por un berrinche, no por esperar justicia, no por no volver a ver un hecho así; no se olvida porque necesitamos saber quién es el verdadero villano de las injusticias que vivió el país, no se olvida para no confiarnos de aquellos que venderían el país por beneficio propio, no se olvida para recordar que el mexicano, sin importar las características o todas sus particularidades, sigue siendo un hermano o hermana, que te apoya en las tinieblas y te da una mano cuando el gobierno no lo hace.

Es algo que nunca debemos olvidar y seguir inculcando en todos los hijos de esta tierra; la unión que nos da fuerza, la esperanza de algo mejor.

Sin embargo, la polarización que hemos vivido en los últimos años rompe con esa motivación, con esa hermandad, con la conexión que tenemos todos.

Bien se ha dicho a lo largo de la historia, ‘divide y vencerás’.

La división que nos obligan a vivir rompe al país, lo dañan, nos hacen sentir enajenados a los problemas y vivencias que cada día acontecen.

La comunidad estudiantil otra vez está siendo atacada y nosotros solo miramos hacia un lado. Nos enfocamos en los problemas que el gobierno quiere que vivamos. Seguimos las agendas que nos plantean y las soluciones que nos dan.

Seguimos confiando en el lobo con piel de oveja y nos dejamos llevar al matadero. Pero bueno, la memoria colectiva en algún momento se tendrá que activar, porque como bien dicen por allí, ‘quien no conoce su historia, está condenado a repetirla’.

RELATED ARTICLES
- Advertisment -

Most Popular