
Las pruebas siempre han sido una herramienta súbitamente útil a la hora de exigir justicia o de buscar castigar a alguien que ha cometido alguna irregularidad. Es la fuente más grande de ‘veracidad’, pues su aporte puede dar cuerpo a un argumento o teoría al existir evidencia física, tangible o audible de un hecho, pues la tradición moderna nos heredó la necesidad de saber y conocer la realidad desde el empirismo.
Tanto es así que la consigna del gobierno actual siempre que se le juzga de algo es el exigir las famosas pruebas de lo que dicen, que no solo quede en acusaciones verbales, sino que haya esa veracidad que respalde a las palabras.
Esto no es nuevo, ya que los sistemas judiciales modernos implementaron el uso de evidencias como garantía de las acusaciones que se hacían, desde una nueva postura donde el pacto verbal perdía validez al reconocer al ser humano como un ser voluble a las circunstancias que afrenta.
Es decir, no basta con decir que algo es, sino que hay que demostrar y sustentar con hechos y recursos que aquello que se dice es lo que es.
Con ello se pretendía evitar tergiversar la verdad y evadir la justicia, pues ‘no había nada más verdadero que las pruebas de que algo ocurrió’.
Sin embargo, el ser humano, con su ingenio, logró violar está herramienta e incluso fabricarlas, con tal de buscar sacar un beneficio propio y evitar repercusiones por actuar de alguna manera incorrecta.
Ejemplos de estos hay muchos, desde la farándula, el crimen, la política o incluso en los juzgados familiares. Donde la justicia y la verdad pasan a segundo plano y el litigio pasa a ser un ‘quién tiene la razón’.
Gracias a estas fallas en el sistema de justicia se ha encarcelado y juzgado a inocentes, por la manipulación en el ‘desarrollo’ de los hechos, o peor, por la falta de pruebas que contrarresten las evidencias manipuladas.
Si esto pasa en la sociedad civil, en el ámbito político, donde aquellas personas ostentan poder, la manipulación o compra de jueces pareciera ser algo más común. Sin embargo, como se ha dicho en otras columnas, antes buscaban no llamar la atención y ser más discretos, tratando de taparle el ojo al macho y negando la existencia de estas prácticas.
Nuestra historia como país siempre nos ha invitado a evitar darle el poder absoluto a una persona o a un grupo de personas; desde la independencia hasta los malos gobiernos que hemos tenido en los siglos pasados; siendo la dictadura de Porfirio Díaz un punto de inflexión en nuestra historia para impulsar por una tercera vez la división de poderes, la cual se pretendía sería la última.
Sin embargo, parece que no hemos aprendido de nuestros errores, pues regresamos a darle la confianza y poder a un grupo de personas que dicen velar por nuestros derechos y garantías, cuando, en la realidad, han demostrado que poco o menos les importan las personas, pues no las ven como tales, sino como simples posibles votantes.
En un gobierno que dice imperar la verdad y la honestidad, las pruebas parecen ser irrelevantes e incluso inútiles; no importa si te cachan siendo corrupto, si eres parte el movimiento eres bueno de golpe; no importa si aceptaste la veracidad de tus actos en dichas pruebas, si eres parte del poder, el poder te respalda.
Hace unos días nos presentaron a un nuevo grupo de magistrados ‘electos’ por el ‘pueblo bueno’; impulsados y establecidos gracias a los acordeones proporcionados por el gobierno actual. Un grupo de personas que en sus primeros instantes de poder declararon no procedente la acusación de corrupción contra Pío López Obrador tras los videos revelados donde se ve claramente aceptando ‘apoyos’ de David León. Acciones que fueron reconocidas por el propio Andrés Manuel y Pío, solo que las minimizaron señalándolos como ‘apoyos al movimiento’.
No bastó con ello, pues ahora exigen una indemnización por difamación, algo tan descarado que parece más una burla que una ‘justicia’.
A cómo van las cosas, no dudo que logre que proceda su demanda, solo temo por el mañana, pues esto nos demuestra, que si antes, el sistema de justicia estaba feo, ahora se pondrá peor, las garantías van a desaparecer y si con los casos de abuso de poder que tenían antes parecían un gobierno autoritario, ahora que tienen todo el poder y que ninguno de los entes gubernamentales puede ofrecerles oposición, no hay límites para lo que puedan hacer y ni la ley se los va a impedir.
Ahora pesará más el de qué partido vienes, que si eres inocente o no; pues, como ellos dicen ‘si no estás con la trasformación, estás en su contra.



