
Lichita Franco de Ramírez, directora del IREE, comentó que en el tema del extinto Fidesseg y con el conocido como ahora programa “Tocando Corazones”, con el que empresarios y gobierno del estado, apoyan a las instituciones de servicio y organismos altruistas, el único inconveniente con el que se han topado es que la plataforma, que se les describió como “amigable”, resulta complicada y poco accesible.
La encargada del Instituto de Rehabilitación y Educación Especial afirmó que esto dificulta el acceso a los recursos porque en el caso de la asociación que representa, tardaron cerca de tres semanas en poder ir cumpliendo con lo que la plataforma les solicita.
“Ya metí mi proyecto, pero para ello tuvimos que pasar por una capacitación de tres reuniones por Zoom, de dos o tres horas cada uno. Y a la hora de llenarlo, la pobre encargada de completar el trámite, por parte del IREE, fácilmente duró más de dos semanas llenando papeles. Dificilísimo. La plataforma no es amigable”, explicó.
Dijo que en la práctica, el sistema genera fallas que obligan a empezar de nuevo los registros, y entorpece la agilización del trámite.
“Yo les digo: su plataforma no es amigable, no me abre y luego te cerraba el programa y tenías que volver a empezar a llenar todo. A lo mejor sería una petición que realmente revisaran con casos reales qué tan amigable es la dichosa plataforma”, sugirió.
Mencionó que es muy probable que los proyectos entregados reciban respuesta a mediados de septiembre, aunque no se otorgará el monto total solicitado, sino una cantidad asignada por el comité calificador. En este proceso participan representantes ciudadanos, empresarios y autoridades.
“Tú metes tu proyecto, se analiza y si se aprueba pasa, y si no, pues te dicen por qué no pasó. De hecho, hay un comité ciudadano dentro de la calificadora, al cual me invitaron a pertenecer, pero les dije que yo no podía ser juez y parte”, compartió.
En el tema de las auditorías que se aplicaron a los beneficiarios del Fidesseg, comentó que está en conocimiento de que algunas asociaciones tuvieron que devolver recursos por irregularidades.
“Desgraciadamente sí pasan cosas que no deben ser, se pedían presupuestos muy elevados. Un día me dijeron: ¿por qué pides tan poquito? Y yo respondí: porque es lo que necesito. Si todo el mundo pidiera lo que realmente necesita y lo ejerciera con justificación, sería otra cosa”, reconoció.



